Sobre el pecado y la ira

La publicación de estos diálogos tendrán una continuidad a lo largo de la lectura del libro “Introducción a la vida devota” de San Francisco de Sales.

Os invitamos, a todos aquellos lectores del blog que queráis, a que os suméis a la lectura de este instructivo libro. Podréis encontrarlo pulsando aquí.

*

Extraído de la correspondencia entre un/a hijo/a y su Padre espiritual. 

Primera consulta  (Esta conversación gira en torno a las dudas sobre el fragmento de texto que va desde el comienzo del libro, hasta el capítulo VII incluido):

¿Cómo te va con el libro? ¿Es de tu gusto?

Sí. Es algo duro al principio, enseguida habla del pecado y se pone manos a la obra.

En el Capítulo V ‒al final del penúltimo párrafo‒ hay una frase que no entiendo: «No os levantéis antes de que llegue la luz -dice el profeta-; levantaos después de haber descansado»

Claro, tiene relación con la frase anterior y todo el párrafo: ¡Oh Filotea, es demasiado grande el peligro de caer, para desasirse tan pronto de las manos del médico!

“Levantarse antes de que llegue la luz”, sería querer estar más adelante de lo que se está, animarse hacia aquello para lo cual aún no se está preparado.

Y después dice “levantaos después de haber descansado”… El descanso se refiere a la preparación necesaria.

Tiene un lenguaje antiguo pero se entiende.

 Quería preguntarle también: la ira, el juicio, el odio, el desprecio hacia otros… son pecados.

El libro habla de que hay que abstenerse de todo ello… ¿Cómo hacerlo? ¿Esforzándose? ¿Atrapando los pensamientos?

Es muy interesante la pregunta.

Lo primero ‒sabes mi punto de vista‒ es comprender. En este caso aceptar la nulidad y la incompatibilidad con el evangelio de dichos actos.

La ira es una conmoción interior ante algo que no es como yo lo deseo, sea este deseo justo o injusto, moral o inmoral.

El juicio es ponerme por encima de los demás y sentenciar aun sin conocer su interioridad, cosa que solo hace Dios.

El odio, similar a la ira, vendría a ser una ira sostenida en el tiempo merced a un acto repetido de resentimiento.

Despreciar a otros es quitarles el valor, desestimarlos, olvidando que, sea cual sea su estado actual, son criaturas creadas por Dios.

Esas comprensiones, facilitan mucho el abstenerse, porque lo que más proclives nos hace al pecado, es la justificación interna que hacemos de él.

Sí, a veces uno “se confiesa” de algo, pero en el fondo sabe que volverá a caer.

Esa certeza de la caída recurrente deriva de una falta de comprensión de la caída a la que te refieres.

Cuando uno comprende acabadamente lo que ocurre en uno cuando peca de tal o cual forma, esa luz arrojada sobre dicho acto impide, casi en su totalidad, la repetición del mismo.

Quería preguntarle especialmente por la ira. Es una pasión a veces irreprimible, y su comprensión no me resulta tan sencilla. La ira se da en múltiples casos:

Puede que sientas cansancio y a veces se te pide una respuesta, es decir, se te fuerza, y la reacción es una especie de ¡déjalo ya!

Otras veces es el ver que las expectativas no se ven colmadas, esperas algo de alguien y lo fuerzas tú, con violencia… y aparece una reacción difícil de detener.

Sin duda que es difícil de eliminar. Pero creo que vale igual lo antes dicho.

Es necesario comprender la raíz de toda manifestación iracunda, que radica en el orgullo, en el adjudicarse ciertos derechos y, en definitiva en la noción de ser importante.

Porque una cosa interesante a tener en cuenta, es que toda conducta que hagamos es respuesta ante una situación determinada.

La ira, es una respuesta que damos, y, en ese sentido no es adecuada casi nunca.

Por ejemplo, si estás cansado/a no deriva de ello el tener que responder con ira, sino, en todo caso manifestar el cansancio, o irse a dormir etc.

Claro, esta nueva respuesta no es fácil, pero es necesaria, si se desea aprender otras formas de conducta que libere de ataduras. Puedo comprender como se produce y que toda la cultura admite la ira como la respuesta adecuada, pero desde la perspectiva del crecimiento espiritual es inconveniente.

Entonces se hace necesario encontrar otras formas de reaccionar que no sean violentas.  Desde luego no es la reacción de una persona espiritual, y me siento culpable por ello.

En ese sentido… ¿se debe forzar un comportamiento más adecuado? ¿Es bueno reprimir la ira? Esa ira reprimida ¿no saldrá por otro lado, como me ha pasado en alguna ocasión?

Usted dice que lo primero es comprender, pero eso es algo que no se consigue de repente, lleva tiempo, ¿y mientras tanto…?

Cuida que tu mente no intente justificar la ira, o algo parecido.

Sentirse culpable también es una respuesta ante una situación, que no es la mejor; quita fuerzas y obnubila.

Así como no debemos juzgar a otros, tampoco a nosotros, todo lo que vale para tratar al prójimo vale para con nosotros mismos.

Ante lo sucedido, siempre, lo bueno es comprender.

Disculpa mi insistencia, pero ese acto de comprensión, no creas que requiere tiempo, solo un instante de luz que permita ver el mecanismo involucrado.

Repasemos:

Sucede algo que no se condice para nada con las expectativas puestas.

En el interior se siente una tensión (los músculos y vísceras se contraen), y esta tensión busca aliviarse mediante la exteriorización de dicha tensión (el exabrupto de ira). Eso se puede comprender.

No es bueno reprimir, sino darse cuenta que las más de las veces, esta exteriorización genera situaciones inconvenientes, que agregan más tensión. Por lo cual en vez de reprimir se puede, comprendiendo, distender.

Al distender, respirando hondo, aflojando los músculos, orando, etc. uno puede tomar una mínima distancia de la situación y elegir una respuesta más adecuada… estos “debates” sirven mucho para entender lo que nos pasa.

Claro.

Por otra parte, la ira tiene una particularidad, y es que dota de una peculiar intensidad a la sensación de la individualidad. Pocas veces como cuando estamos iracundos nos sentimos más vivos y “nosotros mismos”. Se vive una especial afirmación de sí y tiene un sabor que a la mente le gusta mucho, aunque no lo parezca a simple vista

Cuando manifiesto ira no me siento bien, sé que esa no es la respuesta adecuada. Pero claro, lo hago porque creo que así conseguiré algo, lo que quiero. Ahora sé que debo pararme y tomar un tiempo para buscar otra respuesta.

Sí, eso es bueno. Otra cosa que a mí me ayudó mucho en su momento y que me mostró mi Padre espiritual, es que toda respuesta que uno da, es decir toda conducta, la que te imagines… es siempre respuesta a una sensación que se siente en el interior.

Aun cuando lo suscitó algo sucedido fuera, eso genera una sensación dentro del cuerpo, y nuestra conducta, sea la ira o cualquier otra, es siempre respuesta para modificar esta sensación que se da en el interior.

Entonces, ¿cómo la ira puede modificar la sensación? ¿Aliviando?

Claro, la ira distiende las vísceras que se han contraído y toda la musculatura que se tensó. Todas las expresiones de la ira, como los gritos, énfasis y gestos provocan un alivio, sin duda. Ese es su origen y su sentido.

El origen es la sensación que el cuerpo tiene ante una noticia, un hecho… ¿cómo el cuerpo crea esa sensación?

Toda acción, todo pensamiento, toda emoción, toda percepción posible que se te ocurra tiene una correlación en el cuerpo de modo inmediato.

El cuerpo va registrando todo lo que ocurre y que él percibe; sea que lo detecte en el mundo exterior o en el interior de sí mismo.

Y toda la tarea del organismo se basa en dar respuesta a estas sensaciones, buscando equilibrar el medio interno que se ha desequilibrado ante lo sucedido.

Entonces el origen sería ese pensamiento, o emoción. Sí conseguimos variarlos, el cuerpo no reaccionará.

Claro, el tema es darle al cuerpo lo que necesita: en este caso distender lo que se tensó, lo que se crispó. Pero hacer esa distensión de una manera más inteligente que la automática, que tiene programada el cuerpo, en este caso la ira.

¿Cómo realizar esa distensión?

Poner la oración de Jesús antes que nada cuando veo que va a surgir la reacción, el recuerdo de Dios. Y luego lo demás: respirar hondo y suave, moverse, pedir un minuto para ausentarse, recordar lo comprendido, etc.

Hay que saber parar la reacción aprendida y puesta en práctica durante toda la vida. No es fácil, pero es posible.

Exacto, no es fácil, pero es posible y necesario. A todos nos ha sucedido de aprender la misma forma de reaccionar, y por eso hay que elevar la atención para modificar esta huella por «donde siempre quiere ir el agua, cada vez que llueve».

Hacer un esfuerzo y poner más atención…

Sí… en cierto sentido; aunque verás que enfatizo en “atender”, que para mí no es lo mismo que “esforzarse”…

Atender es otro tipo de acto, más particular y sutil que quizás podamos tratar en la próxima conversación…

Continúa…

 

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2 respuestas a Sobre el pecado y la ira

  1. claudio dijo:

    Muito obrigado! Este blog foi inspirado pelo Espírito Santo. Que Jesus o abençoe sempre!

  2. sciotip dijo:

    Me gusta mucho el sitio, hacen un muy buen trabajo. Muchas gracias por todo el material que publican… enriquece porque acerca al Señor…

Invoca a Jesucristo y deja tu comentario, puede servir a otros.

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