La unión de la gracia y de la libertad

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San Macario de Egipto ha dicho:

“La gracia que es otorgada al hombre no liga su voluntad por fuerza de la necesidad, ni le hace, de buen o mal grado, inmutablemente bueno. Por el contrario, el Poder de Dios, viviendo en el hombre, se inclina ante su libre voluntad a fin de que se revele si la voluntad del hombre está o no de acuerdo con la gracia”.
“Primer tratado sobre la guarda del corazón”, cap. 12

A partir de allí comienza la unión de la gracia y de la libertad.

Al comienzo, la gracia permanece fuera y actúa desde fuera. Luego, ella penetra en el interior y comienza a tomar posesión de alguna de las partes del espíritu; pero ella sólo lo hace cuando el hombre, de buen grado, le abre la puerta, abre la puerta para recibirla.

La gracia está siempre lista para venir en ayuda del hombre que la desea.

Por sí mismo, el hombre no puede hacer el bien, ni hacerlo reinar en él, pero puede desearlo y esforzarse por alcanzarlo. A causa de ese deseo, la gracia consolida en él lo que es bueno, aquello hacia lo que tiende. Y eso continúa así hasta que el hombre adquiere finamente el dominio de sí mismo y llega a ser capaz de cumplir con lo que es bueno y agradable a Dios”.

“El arte de la oración”  Textos de Teófano el Recluso- Editorial Lumen / Pág. 120

Pulsa aquí para la lectura del post: Gracia y libertad

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