Aplicación exterior e interior

En esta tarea de preparación que hacemos en nuestro interior, esperando el alumbramiento espiritual del Cristo en nuestros corazones, revisemos nuestra situación cotidiana respecto de los mandamientos.

Dice Máximo el Confesor:

“… los tesoros de sabiduría y conocimiento que están escondidos en nuestros corazones, se revelan al corazón en la medida de la purificación alcanzada por cada uno mediante los mandamientos”.
“Sobre la caridad” Parágrafo 70 en Filocalia.

Recordemos que el cumplimiento de los mandamientos tiene su manifestación exterior, y también su cumplimiento “en espíritu” a través de los pensamientos y sentimientos que llevamos en el alma. Examinemos con atención sutil nuestra aplicación de los sagrados preceptos. Hagámoslo con humildad y valentía.

Textos para lectio:
Gálatas 5, 6 – 1 Cor 13, 1-7 – Deuteronomio 5, 1-21

Texto propio del blog

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Extraído de elsantonombre.wordpress.com publicado originalmente el 13/12/11
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4 respuestas a Aplicación exterior e interior

  1. HNO.BETOCUA dijo:

    PAZ Y BIEN, SIN DUDA LOS MANDAMIENTOS SON LAS SEÑALES A SEGUIR POR EL CAMINO DE DIOS, BENDICIONES

  2. Fray Ricardo de la misericordia de Dios dijo:

    Entiendo que los mandamientos son un parametro donde me puedo dar cuenta ,que tan bien voy cominando,o que que tan lejos , no para cumplir por por cumplir.

  3. Anónimo dijo:

    Creo que esos tesoros inagotables para quienes encuentran en la venas de Cristo la auténtica sabiduría, verdaderamente se consiguen a través del cumplimiento de los mandamientos, no por obediencia a la ley sino por obediencia al amor. Siempre he pensado que adorar al Padre en Espíritu y Verdad, es cumplir con el mandamiento del amor, en relación a Dios a través de la adoración por amor a Él, y en relación al prójimo por la práctica de la misericordia –ese compadecerse con el corazón del prójimo que sufre las mismas o mayores limitaciones que nosotros-. Eso nos lleva a obrar con misericordia a partir del conocimiento de nuestras propias limitaciones y defectos, los que se nos quitarán, o no, sólo cuando Dios quiera y como Él quiera. Del mismo modo adorar a Dios en Verdad es poner por obra el amor al prójimo que no se manifiesta sólo en la ayuda que mal conocemos como la única caridad, sino en donarnos a nosotros mismos mediante la misericordia que implica compartir con el prójimo sus sufrimientos y sus alegrías y que se manifiesta en la forma más elevada en el perdón. Porque el que perdona ya ha sido amado y no le queda otra alternativa que amar con el mismo amor que recibió. Porque el que consuela ya ha sido consolado, no le queda otra alternativa. Porque el que ha recibido el Espiritu de Dios no tiene otro camino que obrar en ese Espíritu, como el que ha conocido la Verdad en Cristo no tiene otra elección que obrar la Verdad del amor de Cristo. Siempre en la consciencia de nuestras propias miserias y limitaciones que nos llevarán a una comprensión mayor de la sabiduría de Dios y de la condición del prójimo. Y cuando estas limitaciones se hacen mayores en nosotros mismos, no nos queda otro camino que el de la oración por la que se adora a Cristo en espíritu y se deja actuar a Dios para que construya la verdad de su amor en el prójimo como en nosotros mismos.

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