El amor de una Madre

Visiones de Ana Catalina de Emmerick sobre la Pasión de Cristo…

El cielo estaba todavía oscuro y nebuloso cuando llegaron al Calvario: se encontraron con sus criados y las santas mujeres que lloraban enfrente de la cruz. Casio y muchos soldados, que se habían convertido, estaban a cierta distancia tímidos y respetuosos… Así que llegó el centurión Abenadar, comenzaron, en medio de la tristeza y del recogimiento, la obra piadosa del descendimiento de la cruz y de embalsamar el sacratísimo cuerpo del Señor.

… La Virgen Santísima y Magdalena estaban sentadas al pie de la cruz, a la derecha, entre la cruz de Dimas y la de Jesús; las otras mujeres estaban ocupadas en preparar los paños, los aromas, el agua, las esponjas y los vasos. Casio se acercó también, y contó a Abenadar el milagro de la cura de sus ojos. Todos estaban conmovidos, llenos de dolor y de amor, y al mismo tiempo, silenciosos y con una gravedad solemne.

… Cuando descendieron el santo Cuerpo, lo envolvieron desde las rodillas hasta la cintura, y lo pusieron en los brazos de su Madre, que se los tendía poseída de dolor y de amor.

La Virgen Santísima se sentó sobre un cobertor tendido en el suelo; su rodilla derecha, un poco levantada, y su espalda, estaban apoyadas sobre unas capas juntas. Lo habían dispuesto todo para facilitar a esta Madre llena de dolor los tristes honores que iba a dar al cuerpo de su Hijo. La sagrada cabeza de Jesús estaba apoyada sobre la rodilla de María; su cuerpo estaba tendido en una sábana. La Virgen Santísima tenía por última vez en sus brazos el cuerpo de su querido Hijo, a quien no había podido dar ninguna prueba de amor en todo su martirio; contemplaba sus heridas; cubría de besos su rostro ensangrentado, mientras Magdalena reposaba el suyo sobre sus pies.

… La Virgen Santísima conservaba un valor admirable en su indecible dolor. No podía dejar el cuerpo de su Hijo en el horrible estado en que lo había puesto el suplicio, y por eso comenzó, con una actividad infatigable, a lavarlo y a limpiarle las señales de los ultrajes que había recibido.

… No tiraban el agua que habían usado, sino que la echaban en botas de cuero, donde exprimían las esponjas. Vi muchas veces a Casio y a otros soldados ir por agua a la fuente de Gihon, que estaba bastante cerca. Cuando la Virgen untó todas las heridas con ungüento, envolvió la cabeza en paños, mas no cubrió todavía la cara.

Cerró los ojos entreabiertos de Jesús, y posó la mano sobre ellos algún tiempo. Cerró también su boca, abrazó el sagrado cuerpo de su Hijo, y dejó caer su rostro sobre el de Jesús…

Visiones y revelaciones de Ana Catalina de Emmerick

Tomo V: “Descendimiento” y “El cuerpo de Jesús embalsamado”  

Ed: Ciudadela Libros

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Una respuesta a El amor de una Madre

  1. HNO.BETOCUA dijo:

    PAZ Y BIEN, MARIA MADRE DE AMOR Y DE MISERICORDIA, INTERCEDE POR NOSOTROS, AMEN

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