La fuga

“… es como si los colores no fueran tales sino tonalidades de gris…”

¿ A que se debe este desamparo, este temor, esta sensación de soledad tan angustiosa?

Cuando por alguna circunstancia dejamos de estar “fugados”, es decir, cuando nos encontramos ocasionalmente en un “desierto de los sentidos”, acontece que aflora en nosotros el estado cotidiano y permanente en el que nos encontramos y del que siempre tratamos de huir.

Me refiero al estado de ausencia de la presencia de Dios.

Al igual que en el Edén, un día le perdimos y aunque siempre está ya no lo percibimos. Esta no – percepción de la presencia divina en la vida cotidiana, nos deja a merced de lo “chato”, todo se hace plano, sin profundidad. 

Es como si los colores no fueran tales sino tonalidades de gris, como si no hubiera a que aplicarse ajena como ha quedado la alegría.

En apariencia, solemos adjudicar a esta o a aquella situación particular nuestro estado. (No haber logrado esto, haber perdido aquello otro, que tal persona nos ignora, que aquella otra nos maltrata etc.) Y esto es el fundamento para que nunca salgamos del circulo vicioso de la fuga cotidiana.

Nos equivocamos de culpable, al creer que es lo exterior lo que nos indispone.

Es la ausencia interior de la vida del espíritu la que nos agobia y lo que nos lleva a huir presurosos en busca de algún objeto o persona que nos calme y nos anestesie un poco.

Sin la percepción de Su presencia, somos como huérfanos, presa del desamparo, de la soledad, expuestos a un temor constante. 

La apertura a lo sagrado comienza por suprimir al menos las fugas más importantes, permitiéndonos atravesar el dolor que padecemos (de índole física o mental) atreviéndonos a vivir lo que el momento nos ha traído y permaneciendo abiertos a la enseñanza que escucha el oído del corazón.

La posterior concentración en la oración de Jesús y la búsqueda calma de un espacio de silencio entre nosotros y las cosas, nos acerca a la ermita interior, un sitio privado de dualidad donde reina El único que Es.

Textos propios del blog

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9 respuestas a La fuga

  1. Miguel de Gálata dijo:

    Al rezar la oración de Jesús me ocurre algo curioso: si la recito simplemente, no puedo evitar que mi mente actúe como en un segundo plano, trayendo recuerdos, conceptos, preocupaciones, aunque algo mitigadas.
    Si lo acompaño de llevar unas cuentas de un rosario, eso pasa mucho menos. No sé si esto es habitual.
    Saludos invocando el nombre de Cristo.

    • Suele suceder Miguel. Pasa de todo hasta que la mente se acostumbra a la oración. lo primero es ignorar todo lo que ocurra y con paciencia acostumbrarse a repetirla. Al principio sera mezclada con otros pensamientos, a veces la dirás sin conciencia, otras con fervor. No importa. Lo primero hacer de ella un hábito, luego de esto viene el ir perfeccionando el modo de hacerla. Un abrazo invocando a Cristo.

  2. Anonimo dijo:

    Gracias

  3. Gracias a Dios hoy me he dado cuenta cuántos momentos de fuga tengo. Intensificar la Oración de Jesús es mi deseo más profundo, vivir en Su divina presencia. Cuántas situaciones durante el día las dejaría pasar, que es salir de la fuga cotidiana. Les pido por favor me ayuden con sus oraciones. UN ABRAZO EN CRISTO.Ma. del Carmen

  4. Holle Frank dijo:

    me parece que a veces es la experiencia de lo banal que nos queda seca.

  5. nangha dijo:

    Yo tambien experimento la
    Paz que da el vivir aceptando la realidad cotidiana sin escapar pensando en lo que sera manana.Aceptar que Dios me lleve y que El sabe mas que yo de todo.Poder vivir con un Padre que ya en este mundo me demuestra su amor aunque yo no lo entienda..

  6. Usé este tema de la fuga para el examen de conciencia y me sorprendí fugado muchísimas veces, más de las que sospechaba, sobre todo de formas muy sutiles que no por sutiles o no graves en sí mismas dejan de ser peligrosas, porque al estar enmascaradas me mantienen alejado de Dios sin darme cuenta, y este es el peligro no darse cuenta y no poner por ello los medios para remediarlo. me pareció ver al ego como “un profesional de la fuga” super especializado en esto, como si fuera su especialidad propia, lo que mejor sabe hacer, huir de la presencia de Dios, como ya huyeron y se escondieron nuestros primeros padres en el jardín del Edén…

    Quizá me alarguen y disculpen pero quería dejarles un comentario de San Bernardo al evangelio de hoy, ya que está relacionado con estos temas que tantas veces aquí meditamos, de la atención, la presencia de Dios, el vigilar, etc. y este post de la fuga, lo contrario de “velar” y como no es que lo fui a buscar a una biblioteca sino que es el “comentario del día” me pareció providencial… bueno ya vamos aprendiendo que todo es providencial me parece….

    De. San Bernardo, extraido de http://www.evangeliodeldia.org

    Velar en el Espíritu Santo

    En otro tiempo, cuando el profeta Eliseo supo que su maestro Elías iba a morir, le pidió la gracia de obtener dos partes de su espíritu; pero esto solo era posible si alcanzaba a ver el momento en que Elías era arrebatado (2R 2,9-10)… Esta historia ha sido escrita también para nosotros. Debemos estar vigilantes y atentos a la obra de la salvación que se cumple en nosotros, porque el Espíritu Santo realiza continuamente su obra en lo más hondo de nosotros, con una sutileza admirable y sublime delicadeza.
    Si no queremos perder esta doble parte de espíritu que solicitaba Eliseo, que esta unción, que nos lo enseña todo, jamás nos sea quitada sin que seamos conscientes de ello, y que jamás su llegada nos coja de improviso. Se trata tener la mirada siempre al acecho y un gran corazón abierto para recibir esta generosa bendición del Señor.

    ¿En qué disposición nos quiere encontrar el Espíritu? “Seamos semejantes a aquellos empleados que esperaban a su señor al regreso de las bodas”. Jamás quedan las manos vacías de la mesa del cielo y de todas las alegrías que prodiga. Debemos pues velar, y velar a todas horas, porque nunca sabemos a qué hora el Espíritu va a venir, ni a qué hora se irá de nuevo. El Espíritu va y viene(Jn 3,8); si gracias a él permanecemos en pie, cuando se retira, inevitablemente caemos, pero sin estrellarnos, porque el Señor nos sostiene de la mano. Y el Espíritu no deja de hacer vivir esta alternancia de presencia y de ausencia a los que son espirituales, o más bien a aquellos a los que tiene la intención de hacer espirituales. Por eso que los visita al amanecer y después de repente los pone a prueba.

    • Miguel de Gálata dijo:

      La verdad es que se alternan periodos de luz y de oscuridad en mi vida. Gracias a ese Espíritu Santo, nuestro gran regalo, parece que puedo remontar de cada bache. Luego, de pronto, todo es hermoso como un hermoso valle y luego otra vez la oscuridad. Rezar en la oscuridad la oración de Jesús, invocarlo, llamarlo….Pero qué duro.

  7. Andrea dijo:

    me gustaria saber los autores de los diversos escritos que publican
    muchas gracias

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