Aliviar el ánimo

“Todo el que invoque el Nombre del Señor se salvará” (Hechos 2, 21)


Si alguien quiere venir en pos de mí, dice el Señor, niéguese a si mismo, tome su cruz y sígame (Mt 16, 24).

Para eso hay que procurar que el pensamiento se aquiete. No es posible que los ojos, si se mueven continuamente de un lado para otro, arriba y abajo, vean con claridad los objetos.

Sólo cuando se fija la mirada la visión es clara.

Del mismo modo, es imposible que la mente de un hombre que se deje llevar por las infinitas preocupaciones de este mundo, contemple clara y establemente la verdad.

Quien no está sujeto por los lazos del matrimonio se ve turbado por ambiciones, impulsos desenfrenados y amores locos; a quien ya tiene sobre sí el vínculo conyugal, no le faltan un tumulto de inquietudes: si no tiene hijos, el anhelo de tenerlos; si los tiene, la preocupación de educarlos, el cuidado de su mujer y de la casa, el gobierno de sus criados, la tensión que los negocios traen consigo, las riñas con los vecinos, los pleitos en los tribunales, los riesgos del comercio, las fatigas de la agricultura.

Cada día que alborea trae consigo particulares cuidados para el alma; y cada noche, heredera de las preocupaciones del día, inquieta el ánimo con los mismos pensamientos.

Hay un solo camino para liberarse de estos afanes: aislarse.

Pero esta separación no consiste en estar físicamente fuera del mundo, sino en aliviar el ánimo de sus lazos con las cosas corporales, estando desprendido de la patria, de la casa, de las propiedades, de los amigos, de las posesiones, de la vida, de los negocios, de las relaciones sociales, del conocimiento de las ciencias humanas; y preparándose para recibir en el corazón las huellas de la enseñanza divina.

Esta preparación se alcanza despojando el corazón de lo que, a causa de un hábito malo y muy enraizado, lo monopoliza.

No es posible escribir sobre la cera si no se borran los caracteres precedentes; tampoco se pueden imprimir en el alma las enseñanzas divinas, si antes no desaparecen las costumbres que estaban.

El recogimiento procura grandes ventajas. Adormece nuestras pasiones, y otorga a la razón la posibilidad de desarraigarlas completamente. ¿Cómo se puede vencer a las fieras, sino con la doma?

Así la ambición, la ira, el miedo y la ansiedad, pasiones nocivas del alma, cuando se aplacan con la paz privándolas de continuos estímulos, pueden ser derrotadas más fácilmente.

San Basilio el grande

(Epístola 11, 2-4)

Extraído de Mercabá

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Acerca de Equipo de Hesiquia blog

Difundimos el método hesicasta de acercamiento al corazón en los ámbitos cristianos. Practicamos la oración de Jesús y hacemos de ella nuestro camino espiritual. Escribimos sobre espiritualidad católica actual.
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4 respuestas a Aliviar el ánimo

  1. lenny a esto le llamo las huellas de el señor,no es necesario saber mucho solo el buscar las buenas lecturas los hermanos en cristo como san basilio para ir limpiando nuestro interior que sin esos faros de luz en muchas ocasiones no se logra ver claro el camino busca y encuentra toca y se abrira y Cristo te guiara solo tienes que decearlo Dios nos bendiga y prepare.

  2. Alfonso dijo:

    Tambien creo que fue san Agustin quien dijo algo asi como que nosotros amabamos al mundo y usabamos a Dios, y que mas bien de lo que se trataba era de invertir el proceso, usar al mundo y amar a Dios — y agrego tambien, ama y has lo que quieras.
    Ahi radica el principal problema, amamos el mundo, en sus formas mas burdas de atraccion para algunos o hasta las mas sutiles y espirituales para otros, es igual; y asi la falsedad nos persigue…

  3. guillermo elon vanegas zapata dijo:

    buen dia soy guillermo el comentario excelente porque me introniza con la experiencia vivida en dios sin salir del mundo sin embargo yo tengo 47 años y he sentido el llamado de dios a vivir los ultimos años de mi vida en un monasterio en silencio trabajo estudio y oracion mas aqui en colombia los viejos no podemos no somos hijos de dio me pueden decrir donde puedo responder al señor

  4. Grey dijo:

    Realmente muy buen texto. Pensé que era un texto contemporáneo hasta que llegue al final y vi que era de San Basilio. La sabiduría de los grandes maestros no tiene época. A mi, personalmente, me ayudó muchísimo en estos momentos de mi vida.

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