Entrenamiento espiritual III

“repentina alegría sin motivo que sacia cualquier anhelo del alma...” *

Este post continúa a: 

Entrenamiento espiritual

Entrenamiento espiritual II

Fueron catorce días que marcaron el rumbo de mi vida interior los años siguientes. Esas dos semanas cambiaron mi visión sobre el mundo y sobre mí mismo.

Viví un régimen de oración intenso. Alternaba caminatas con momentos de quietud mientras repetía la oración de Jesús. Por lo demás, limpiaba un poco la ermita, preparaba un café, leía unos pocos minutos alguna lectura recomendada, regaba algunas flores en sus macetas. Eso era todo.

En otro momento de mi vida, me habría parecido una forma de tortura imaginarme esa disciplina, aunque fuera por pocos días. Sin embargo, lo vivido allí no fue riguroso, por el contario, empecé a tener sensaciones nuevas, suaves pero profundas, que no se iban fácilmente. Se me hizo habitual cierta frescura del ánimo.

De a ratos escribía una y otra vez la oración de Jesús. Fue un ejercicio sugerido que me resultaba especialmente gustoso. La grafía de la frase se internalizaba a través de la vista y parecía encarnarse en el brazo y en la mano que la dibujaban. No sabía porque, pero me cautivaba verla escrita muchas veces, ocupando cada vez más hojas de papel.

Encontraba la oración de Jesús asociada a todos los movimientos. Vino a ser aquellos días como la respiración, que está en todo momento y que no puede ausentarse sin sobresalto del corazón.

Hubo experiencias significativas, que no fueron fugaces, se quedaron y pasaron a formar parte de mi nueva forma de ser y estar. Una de ellas fue la conciencia de mis motivos, de aquello que normalmente estaba detrás de lo que hacía. No sé cómo fue, pero la oración de Jesús desnudaba el egoísmo que estaba agazapado en cada cosa que realizaba. ¿Existía algo que hiciera por otros, que no me tuviera por beneficiario? La respuesta que sentía verdadera, me dejaba perplejo, azorado.

Me sorprendió mucho también el ruido que había en mi mente, una conversación continua sobre temas diversos que iban y venían, entre personajes varios, un estrépito incesante. Ese parloteo podía  ser de lo más variado, pero descubrí, ya con menos asombro, que siempre me tenía por centro. “Yo” no era solo el centro de mi mundo, era el universo entero. Todo salía de mí y a mí volvía, el egoísmo era una forma de mirar y organizar las experiencias.

Pese a todo, el dolor del descubrimiento no me dejó amargado, fue una comprensión con esperanza.

A medida que pasaban los días, comenzó a presentarse en mi interior una curiosa experiencia, que solo puedo explicar cómo una… “repentina alegría sin motivo que sacia cualquier anhelo del alma”. Sucedió entre paso y paso al caminar o al mirar el cielo y respirar; vino sin aviso entre una frase y la otra, se presentó asociada al Nombre de Jesús.

Este gozo que parecía no tener sustento me traía a la memoria  otras alegrías, pero estas que recordaba siempre estaban referidas a algún acontecimiento externo, estaban sostenidas en algún logro conquistado o en un hecho placentero por venir.

En cambio allí, la alegría sin objeto se hacía presente y traía en sí misma la promesa de su repetición. Cada vez que este gozo nacía en mi interior, se afirmaba como nutriendo fibras íntimas; me daba la impresión de estar siendo transformado, lo percibía como una verdadera curación.

No era extraño que hubiera momentos en los que comprensiones súbitas hicieran su aparición en el espacio de la conciencia. No eran resultado de razonamiento alguno, surgían como fruto de un fermento olvidado, que ahora el silencio permitía expresar. Este nuevo conocimiento reorganizaba mi vida pasada sin que participara la voluntad. Descubrí significados nuevos en viejos hechos conocidos, advertí la mano de Dios en sucesos que hasta entonces había considerado triviales.

La paternidad de Dios se me reveló contundente y descubrí que llamarlo así no era solo una adaptación antropomórfica de lo incomprensible. En ocasiones me descubría conmovido por algún versículo de un salmo, me parecía saber con precisión a lo que aludía el salmista.

Pero lo más significativo de ese especial retiro aconteció al volver a casa, en la ciudad. Había desaparecido la nostalgia subyacente en todo lo que hacía, la alegría podía manifestarse en mí, como una luz que no producía sombra. El presente se mostraba conteniendo todos los elementos que necesitaba; con sorpresa reconocí la conformidad con lo que era, con lo que tenía, con todo lo que “allí, ante mí, estaba”.

Diría, utilizando otras palabras, que ya no deseaba. Había, por fin, encontrado.

No quería estar en otro lugar, parecía que había traído conmigo las cualidades reinantes en la ermita. De las cosas emanaba un cierto fulgor, un suavizado tenue las embellecía. Supe que no eran las cosas las transformadas, sino que los ojos estaban influidos por la calidez que se alojaba en el corazón.

En cierto punto hube de aceptar que la mayor parte de las cuestiones que antes me interesaban ya no me apresuraban. Las respetaba y veía su importancia relativa, pero quedé muy centrado en otra cosa; la importancia de prepararme para el momento de la muerte y de vivir acorde a lo que sentía como mi vocación personal, adquirió un singular relieve.

No pude olvidarme ya de lo que era esencial y todo lo secundario perdió la capacidad de encandilarme. Esta nueva situación interior, me pareció la manifestación perfecta de la misericordia divina que pedía, cada vez que repetía la oración del Nombre de Jesús.

Texto propio del blog

* imagen extraída de Ermitaño urbano

________________________________________________

Haz click aquí para comentar

________________________________________________

Links:

Abandono

Contemplativos en el mundo

Interesado en intercambio sobre temas vocacionales en zona de Antioquía:

frezacar@yahoo.com

________________________________________________

Acerca de Equipo de Hesiquia blog

Difundimos el método hesicasta de acercamiento al corazón en los ámbitos cristianos. Practicamos la oración de Jesús y hacemos de ella nuestro camino espiritual. Escribimos sobre espiritualidad católica actual.
Esta entrada fue publicada en Desde la Ermita y etiquetada , , , , , . Guarda el enlace permanente.

5 respuestas a Entrenamiento espiritual III

  1. César Augusto dijo:

    Hace algún tiempo,estuve durante la cuaresma y semana Santa en la comunidad AGNUS DEI. En esta experiencia sentí también esta repentina alegría en el alma…. al contemplar los Iconos y en medio de la naturaleza y el silencio, al ser instruido por ellos en la oración de Jesús, fue una gran alegría y mucha paz para mi alma. Esos días fueron inolvidables para mí…..perdí el contacto con ellos, ya que viven en Ecuador y yo en Colombia y no volví a practicar la oración.
    Habiendo llegado a este blog por pura providencia de Dios, después de 7 años,apenas ahora comienzo a practicar la oración del Santo Nombre, con sus consejos y su guía, ya que en nuestro medio no encuentra uno quien lo guíe en este caminar. Gracias equipo Hesiquia por este blog tan verdadero, el cual es de gran ayuda para los que pensábamos que ya era tarde para comenzar.
    Que el Señor y la Santísima Virgen María los sigan Bendiciendo siempre.

  2. María del Santo Nombre dijo:

    Que belleza!! Estoy haciendo unos días de retiro en un monasterio y todo lo que deseo alcanzar es lo que has logrado hermano. Si ya amaba y trataba de practicar la oración de Jesús, luego de leer esta instrucción y tus frutos me apasiona aún más entregarme a ella. Gracias por tu testimonio de vida y amor

  3. Francisco dijo:

    Realmente impresionante el testimonio personal que se recoge bajo los títulos de Entrenamiento Espiritual (I, II y III). Les quedaría muy agradecido si pudieran informarme dónde y cómo se pueden realizar en España retiros semejantes para el aprendizaje y la implantación de la oración de Jesús en el corazón.

    Que Dios les bendiga

    Francisco

  4. GASTON dijo:

    LES PIDO ORACIÓN YA QUE SOMOS UN GRUPO DE HERMANOS QUE HAREMOS UN RETIRO DE SILENCIO EN DONDE INCLUIREMOS LA VIDA DE PUSTINIA A LA MANERA DE CATHERINE DE HUECK Y LA ORACIÓN DEL CORÁZON Y SOBRE TODO LA HERMOSÍSIMA ORACIÓN DEL SANTO ROSARIO. QUE DIOS LOS BENDIGA.

  5. Holle Frank dijo:

    aquella perspectiva “egoista” ciertamente es nuestra natura. No es en si mal. Tambien es nuestra natura de tener una consciencia de esta perspectiva limitada. Asi vivimos una tension que nos permite de estrecharnos a Dios.

Invoca a Jesucristo y deja tu comentario, puede servir a otros.

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s