Monacato

" En el claustro"

Tres fragmentos sobre el monacato

… No es fuga del mundo lo que legitima en última instancia el monacato cristiano, sino el radical hallazgo de Dios encarnado que llega a polarizar del todo la vida en el más dulce y liberador “secuestro” de todo aquello que es secundario, banal y frívolo.

Esto hace que la fuga del mundo no se explique desde el desprecio de las realidades temporales sino desde su extrema relativización ante el absoluto que representa Dios amado sobre todas las cosas (no contra todas las cosas).

La ascética no es la autodestrucción pesimista de la propia vida en una extraña inmolación a un Dios Abstracto, sino la libertad con la que se quiere educar una pertenencia amorosa a ese Dios con nosotros encontrado.

El silencio, no será el mutismo censurador de quién no tiene nada que decir, sino el asombro de quién se abre a la escucha profunda de la Palabra para la que nació.

La soledad, por último, no será el aislamiento cobarde o la escapada irresponsable a un escondrijo privado, sino la elección suprema de un espacio en donde reconocer y celebrar la Presencia de la que somos peregrinos y desde la que se nos envía como testigos. (1)

Carismas

… la gracia del Espíritu es semejante al agua: en el lirio es blanca, en la rosa es roja, azul en la violeta, pero siempre es la misma y única agua que da la vida y la belleza al mundo multiforme.

El agua de la lluvia baja del cielo. Baja siempre del mismo modo y forma, pero produce efectos multiformes.

Uno es el efecto producido en la palmera, otro en la vid y así sucesivamente, aunque sea siempre de una única naturaleza y no pudiendo ser diversa de sí misma.

La lluvia en efecto, no baja diversa, no se cambia a sí misma, sino que se adapta a las exigencias de los seres que la reciben y se convierte para cada uno de ellos en aquel don providencial del que necesitan.

Del mismo modo también el Espíritu Santo aún siendo único y de una forma e indivisible, distribuye a cada uno la gracia según quiere. (2)

 

(1) Tomas Spidlik – “El monacato en el oriente cristiano” – Prólogo, Ed. Monte Carmelo.

(2) Cirilo de Jerusalén – “Catequesis 16 sobre el Espíritu santo” 1, 11-12

 

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2 respuestas a Monacato

  1. zambullida dijo:

    Precioso texto; me ha conmovido.

    Si se supiera de la verdadera libertad que con lleva el monacato…

  2. ANGELO dijo:

    Después de algunas noticias desagradables de personas que deberían hablarnos del silencio y la entrega, no sabes el bien que me hace leer esta entrada. Doy gracias a Dios por todas estas almas que con su ejemplo nos ayudan a comprender mejor que Dios es alguien grande. ¡Lo más grande!

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