Purificarse

Escena de vida monástica

¿Cómo se puede conciliar la imagen de un Dios-Amor con la de un Dios que castiga?

Quizás sirva adentrarse un poco en el origen de las palabras. Sin hacer un verdadero trabajo etimológico, materia en la que no soy experto, puedo decirte que está muy relacionada la palabra castidad con la palabra castigo. Y sucede que en base a los significados originales de sus raíces idiomáticas, -castigar- vendría a significar “Hacer puro”, purificar.

Esto modifica bastante el entendimiento popular de la palabra castigo, según el cual se pena o se aflige a alguien por lo hecho. Según ese modo de entender, Dios castiga al modo humano -haciendo sufrir- como si de esa manera uno pagara la deuda contraída, terminando allí el sentido del acto.

En mi propia experiencia, puedo decirte, que cuando no he hecho las cosas del modo en que debía, me ha venido un acontecimiento no deseado como consecuencia; y este resultado me aportaba la enseñanza correctiva necesaria, siempre y cuando pusiera yo la actitud correcta, es decir, si abría mi corazón al aprendizaje.

Dios, a través de la vida nos va haciendo puros, nos vuelve a modelar a Su imagen y semejanza. Ese sería el significado de -castigo- y no como se lo entiende hoy. Incluso muchos textos bíblicos se entienden mas profundamente considerando la raíz y el verbo con el cual se ha formado la palabra.

La creación ha sido hecha de cierto modo y las leyes divinas están escritas en todo. Adecuarse a los mandamientos y a lo que enseña Cristo es alinearse con aquello que nos abarca, con el modo en que Dios ha hecho las cosas. Cuando estas leyes son transgredidas, uno se pone fuera del orden de la creación y vive las consecuencias de eso.

Es todo un problema el tema de la antropomorfización de Dios. Por supuesto a nuestro entender limitado, le es necesario a veces hacer equiparaciones y hablar de los actos de la Providencia como si de actos humanos se tratara.

Pero hay que entender que son formas de comprensión que utilizamos y no propiamente el modo en que siente Dios. ¿Cómo podríamos nosotros, pequeños como somos,  hablar realmente de lo que habita su seno?

Te aconsejo que trates de revisar tu entendimiento de algunos textos evangélicos según lo que estamos comentando. Entonces muchos “castigos” pueden ser mas comprendidos como –el modo en que El Señor nos muestra lo debido– como –el modo en que purifica nuestras almas para las tareas por venir- y no como la venganza que se abate sobre el infiel, debido a la ira del ofendido. Es muy distinto.

¿Puede decirme algo sobre la depresión? Es algo muy común hoy en día y puede verse también en muchas personas que se consideran religiosas.

Hay variadas formas de depresión. Incluso una de ellas puede considerarse antesala de la espiritualidad. Me refiero a esa que deriva de la desilusión del mundo.

Cuando alguien ha comprendido que lo que le ofrece el mundo es transitorio, que aquello a lo que se aferraba no puede darle la saciedad; cuando la muerte se le ha hecho presente como el inevitable destino de esta vida y de algún modo, cuando no puede ya volver a ilusionarse… es muy posible que atraviese una etapa de depresión.

Pero es un paso necesario si se da por los motivos antedichos. Es una desilusión. Y es muy bueno desilusionarse si es que uno va avanzando hacia lo real. La finitud de esta vida es real. La transitoriedad de todas las cosas y logros, es real. Pero esa depresión puede ser el paso previo a la vida espiritual. Si el que la sufre se abre a la experiencia de Dios en el propio corazón, que nace necesariamente y como primer paso de la fe.

¿Como es eso último, no lo entiendo bien?

Me refiero a que en ese estado, cuando uno trata de ir hacia adentro, al propio corazón; no va a encontrar la experiencia de Dios, va a hallar la propia desilusión, el dolor porque las cosas no sean como uno ha pretendido que sean.

Y es allí, en medio de ese dolor donde ha de ponerse en contacto con su propia fe. Con la fe en que hay un significado en la vida, que está mas allá de los objetos en los cuales se había confiado. Esa fe es en simiente la experiencia de Dios en uno.

Es Dios que le habla a uno mediante la esperanza. No puede haber vida espiritual sin fe. Y la fe es un acto del hombre, es nuestro principal acto de libertad. Luego de la fe vienen las comprensiones y en cierto sentido lo que puede transfigurarnos, no antes. La fe aventa la depresión. Es el paso que sigue.

Creer en Dios, en su providencia y en el sentido que ha depositado en todas las cosas y acontecimientos. Sin eso la depresión vuelve y se hace crónica.

Texto propio del blog.

(Son fragmentos)

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4 respuestas a Purificarse

  1. Andrés dijo:

    Buenas tardes, hace poco he tenido un periodo de depresión y en este momento he encontrado un gran alivio en en Dios, en los cánticos y alabanzas. Poco a poco estoy dejando las cosas materiales y me gustaría vivir todos los días colmado de lo espiritual, de esa bebida divina, del silencio interior y de no saber nada acerca de la realidad. Comienzo como un niño a aprender el lenguaje de Dios, pues los conceptos científicos, filosóficos no han sido de utilidad en mi vida personal. A veces quisiera refugiarme en la soledad y contemplar solo a mi Cristo.

    Que Dios los bendiga por este blog y realizo sus lecturas de los hermanos Camaldulenses.

  2. Qué buenas que son las etimologías nos refieren la belleza del lenguaje. Muy buena entrada.

    En comunión

  3. Es muy importante el señalar que el verdadero fruto de la oración auténtica no es la consolación, sino la sequía, la noche oscura, la ausencia de Dios, la purificación. Sólo el que a pesar de la sequía sigue orando puede entender estas palabras. Un abrazo: Joan josep

    • Padu dijo:

      …qué lindo Joan! gracias…estoy en sequía y sólo quiero entender lo que Dios quiere de mi y purificarme…”la oración” en eso me enfocaré aunque me cuesta…gracias!!

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