No juzgarás II

Cristo venció a la muerte


Estimado hermano le formulo unas pocas preguntas a propósito de temas que me interesan personalmente y a otros hermanos y amigos:

¿Es posible no juzgar a los demás? Porque lo que suele suceder es que aunque exteriormente uno intenta  comportarse con aceptación y respeto, en el interior se emiten juicios casi involuntariamente.

–          Comprendo.  Juzgar a los demás puede suceder como automatismo de la mente, es cierto. Pero no viene mal revisar el origen de esta rutina que por alguna razón se ha gestado. Practicando un poco de auto observación, advertí que siempre que se producen juicios hacia la conducta de los demás, estoy ubicado interiormente, por encima del prójimo.

Es una posición sicológica claro. Me ubico como observador y por encima, como ejerciendo un derecho que me fuera propio. Como si conociera la interioridad completa de ese semejante y por lo tanto tuviera yo los elementos para calificar su conducta. Es una especie de ojo censor, que anda por el mundo diciendo quién hace bien y quién hace mal.

Esto tiene consecuencias. Una que he visto en mi propia experiencia es que ya el relacionarme con los demás queda condicionado a estos juicios que se han emitido interiormente. Entablo relación para hacer que el otro cambie o para criticarlo o con el corazón cerrado.

Entiendo Hermano. Pero es imposible que algo en uno no formule alguna consideración ante lo que los demás hacen.

–          Quizás…pero es posible no adherir desde el corazón a esos juicios automáticos. Si uno se acuerda de la enseñanza acerca de la viga en el propio ojo o de aquella donde se insta a arrojar la primera piedra al que estuviera libre de pecado, tiende a no creerse los juicios que la mente hace sobre el prójimo, tiende a mirarse a sí mismo con mayor humildad, es decir con mas verdad y por lo tanto se genera una comprensión de la conducta de la otra persona antes que una calificación moral.

El alma humana es muy compleja y los procesos interiores que nos llevan a obrar de un modo u otro son inabarcables desde fuera. Uno nunca puede ubicarse en la subjetividad ajena. En sus motivos profundos, en la acción de la gracia, en las consecuencias de los pecados, en los senderos de purificación, en las ramificaciones de lo que cada quién ha vivido.

Solo Dios, que nos ha creado y que nos conoce desde antes del vientre materno puede vernos en su totalidad. Su mirada es la verdad, no la nuestra. Por eso es bueno dejar siempre los juicios para Dios.

Y si algo nos parece injusto, inadmisible, si no soportamos ciertos hechos tenemos dos herramientas básicas: Que nuestra propia conducta se adecúe a lo que consideramos que está bien y la confianza interior en que Aquél que ha creado todo lo existente y que hace salir el sol para todo ser viviente  tiene una providencia infinita que ordena finalmente las cosas según Su plan. Dejar la justicia para Dios.

Además es muy interesante tener en cuenta, que muchas veces lo que criticamos en los demás es nuestro propio reflejo. Es muy común que  hagamos sin darnos cuenta lo mismo que criticamos. Por eso, cotejar diariamente nuestra propia conducta según el Evangelio es  esencial para mantenernos en nuestro lugar. En cierta humildad. Porque quién se mira a sí mismo con verdad se vuelve humilde. ¿No es verdad?

Aceptar siempre la posibilidad de estar equivocado. Aún en la convicción, tratar de mantener una actitud de apertura a otras posibilidades que aquellas que uno considera. No abarcamos toda la realidad, no sabemos todas las cosas, poco en realidad.

En general vivimos olvidados de la propia muerte, de esta posibilidad cierta y de que todas nuestras opiniones y demás serán pronto cuestión del pasado. El amor es lo que cuenta. Y si no puedo amar a alguien, pedir esa gracia y un corazón capaz de perdonar.

No afirmarse en el odio, no buscar motivos. Dejar incluso las valederas razones que creo tener.

Cobijarme en Dios, pedirle que sea Él quién actúe, confiarle todo. Estarse tranquilo, haciendo lo propio que resulta de la vocación y ofrendar todo en la oración y la Eucaristía…

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No debemos juzgar al prójimo

de Abba Doroteo de Gaza

Fragmentos – Conferencia VI

Hermanos, si recordamos bien los dichos de los santos Ancianos y los meditamos sin cesar, nos será difícil pecar, nos será difícil descuidarnos. Si como ellos nos dicen, no menospreciamos lo pequeño, aquello que juzgamos insignificante, no caeremos en faltas graves.

Se lo repetiré siempre, por las cosas pequeñas, el preguntarse por ejemplo: ¿Qué es esto? ¿Qué es aquello?, nacerá en el alma un hábito nocivo y nos pondremos a subestimar incluso las cosas importantes. ¿Se dan cuenta de qué pecado tan grande cometemos cuando juzgamos al prójimo? En efecto, ¿qué puede haber más grave? ¿Existe algo que Dios deteste más y ante lo cual se aparte con más horror?.

Los Padres han dicho: “No existe nada peor que el juzgar” . Y sin embargo, es por aquellas cosas que llamamos de poca importancia por lo que llegamos a un mal tan grande. Si aceptamos cualquier leve sospecha sobre nuestro prójimo, comenzamos a pensar: ” ¿Qué importancia tiene el escuchar lo que dice tal hermano? ¿Y si yo lo dijera también? ¿Qué importa si observo lo que este hermano o este extraño va a hacer? “. Y el espíritu comienza a olvidarse de sus propios pecados y a ocuparse del prójimo…

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6 respuestas a No juzgarás II

  1. Holle Frank dijo:

    juzgar en su mismo no es nada negativo en contrario es la facultad especialmente humana de orientarse en la vida tan complexa.
    En este sentido es necesario aun de juzgar! Tampoco es malo de juzgar negativo a una persona si lo hace razonable. Tantas veces nos ayuda en la orientacion con quien vale la pena de tener relaciones amicales o intimas y con quien seria mejor de evitar una relacion intima o amical. Alred de Rieveaux, el gran theologo medieval habla en manera muy clara sobre aquel asunto. Un error en este aspecto puede ser muy doloroso.

    • Holle Frank dijo:

      Vale la pena de estudiar con atencion el libro AMISTAD ESPIRITUAL de Alred de Rieveaux a lo cual se refiere el comentario anterior. Consiento con todo que dice sobre el valor de juzgar con amor y aun de criticarse entre amigos sin intencion de herir al amigo pero de ayudar y mejorar al otra persona. El fundamento de toda critica entre amigos es la confianza.

  2. Teresa dijo:

    Creo que a veces juzgamos para evitar encontrarnos cara a cara con nuestras propias vidas, con sus miserias y sus incoherencias. Es una manera inconsciente de escapar al autoconocimiento. Cuando uno se propone conocerse a sí mismo con seriedad y sinceridad se acaban las ganas de juzgar a los demás. ¡queda tanto por hacer en el propio huerto, tantas semillas por germinar, tantas malas hierbas que quitar… que no tenemos tiempo siquiera de mirar qué cultivan los vecinos en el suyo!. Un abrazo.

  3. Excelente entrada. Muy bueno para reflexionar acerca de este deseo y mandato de Ntro Señor: “No juzgarás”…..
    En comunióm

  4. ANGELO dijo:

    La experiencia me dice que el juzgar siempre lleva cargado en sus espaldas al orgullo, acompañado de la envidia. Entiendo por jugzan los que se hacen de forma temeraria.Casi siempre frutos de la crítica y la murmuración, una vez empezada, difícil de parar hasta que se topa con el juicio del prójimo. ¡Todo ello veneno para nuestra alma!

  5. zambullida dijo:

    “Es posible no adherir desde el corazón a esos juicios automáticos”. Cuesta al principio, pero es posible, sólo requiere entrenamiento. No sólo no abarcamos toda la realidad, sino que vivimos en la ignorancia en lo que respecta a nosotros mismos y a los demás. Si nos conociéramos mejor, los juicios cesarían o serían, al menos, más livianos. Os recomiendo, si no os parece mal, un post que escribí a propósito del efecto que causan los juicios el pasado 16 de enero: http://zambullida.wordpress.com/2010/01/16/%c2%a1juicios-fuera/

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