Memorias del desierto

Tu belleza Señor es parte de Tu amor

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El sol fatiga, de tanto brillo lastima.

Nuestros pasos se suceden lentos y cadenciosos. A la prisa por la meta le oponemos la reclusión de la mente en el momento.

El fulgor de las dunas nubla el horizonte y rara vez percibimos alguna forma que a manera de sombra desprenden las ruinas.

La oración fluye, viene y se va, se concentra o se diluye según vive en la intención. El Santo Nombre surge a veces del ritmo de la marcha y deslizándose en la respiración termina goteando en la arena junto a las gotas de sudor.

Al abrigo de un pequeño promontorio tomamos agua y oramos las vísperas, salmodiar es un oasis para el corazón. La oscuridad se anuncia con pequeños remolinos repartiendo polvo como llovizna fina.

Aquí se teme la noche tanto como se la desea. Nos acobarda el frío y nos extasían las estrellas. Nos vamos durmiendo arrebujados, mirando joya tras joya del mapa estelar, con ojos fijos en los incontables rostros de Dios.

En algún giro del cuerpo se vuelve a la conciencia en plena madrugada y se observa que no hay brisa, ni sonido, ni tiempo alguno que se mueva. El firmamento anonada, muestra al planeta extraño y parece desconocido.

Carlo reza “Jesucristo, Jesucristo…” pero está dormido, plácido.

Amanece cuando entonamos laudes de cara al sol que todavía no se muestra. No nos falta el vigor y tampoco la pena por la muerte de aquél que nos hizo hermanos. Al rato, divisamos claramente el macizo y las salientes y las varias cuevas bajas junto al espacio de verdor.

Varias horas después llegamos. Nos esperaban animosos. Nos abrazamos en silencio, conmovidos por todo.

Apenas refrescados nos llevan junto al cuerpo, ya preparado, en la pequeña ermita. A cada uno dejó un presente. Para nosotros son reliquias. Un rosario, algunas cruces, tres iconos, dos libros, unas mantas, algunos cuadernos.

Con sorpresa encontramos dos fotos viejas detrás de la Virgen. Es él, de niño, junto a sus padres. La otra lo muestra sonriendo al  lado de un triciclo con gorrita de verano. Todos nos emocionamos mucho y no puede evitarse algún sollozo. Es que nos ha parecido conocerlo ahora por completo.

La misa fue muy sentida y en lugar de homilía se leyó una carta suya, escrita unos meses antes, previendo su final cercano. Ha dicho algo para cada quién haciéndonos sonreír por esa capacidad suya de ir a la médula de nuestros rasgos. También resumió su experiencia de vida en palabras simples que nunca olvidaremos.

Luego, junto al fuego, con los testimonios y las anécdotas logramos situarnos en la alegría. ¡Es que la bondad de Dios se muestra de tantas formas!

Al día siguiente volvemos por donde vinimos. Nunca tan extranjeros y peregrinos.

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5 respuestas a Memorias del desierto

  1. Hno. Jorge María dijo:

    Gracias hermano por compartir lo que hay de Dios en ti, eso nos enriquece… lo que Dios obra en el corazón y la vida de cada uno, eso es vivir desde la hondura, desde adentro, es una fuente, un pozo que debe permanecer limpio… abrazos y bendiciones

  2. ANGELO dijo:

    Lamento no usar otro argumento, pero es lo que siento. Cada vez que entro en este blog, tengo la sensación de entrar en un lugar para orar. No me limito a leer lo que nos ofreces, sino que todo el ambiente me invita a recogerme, a meditar, a gozarme en la paz y serenidad que aquí encuentro. Hace unos días me agradecieron el haber mostrado este blog. La misma experiencia que te he narrado, recibe la persona que desde entonces entra aquí. Un abrazo.

  3. Carmen dijo:

    Intenso, querido Mario… sentido, Intimo y profundo… me encantó ese escrito… que empieza en el espacio interno de la plegaria con una belleza muy especial… para acabar con ese adiós…aunque hasta pronto… de ese Hermano que en su partida toca a cada corazón.

    Mis ojos también han brillado.. en ese final… con ese agua dulce y tierna que el Corazón nos emana… como fuente de Amor universal… Su Fuente, querido Mario… SU AMOR… que nos Toca y Abre ese espacio…ese jardín lleno de flores y espinas… pero regado POR SU FUENTE…EL AGUA CRÍSTICA Y DIAMANTINA… ESE CUERPO CRISTALINO que va tomando espacio en nuestro interior.

    Un especial Abrazo… y decirte que me siento muy cercana en tu Conciencia.

    Carmen.

    • Hesiquia dijo:

      Muchas gracias Carmen, por tu cercanía.
      No he conocido personalmente a Hno. Valentín, pero si me han dado copia de esa carta suya que dejó y otros escritos, que iré posteando.
      Un abrazo fraterno en el amor a Cristo.

Invoca a Jesucristo y deja tu comentario, puede servir a otros.

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