Entrevista al eremita

Jesucristo y el misterio del desierto

Hermano, ¿Cuánto hace que vive aquí?

–          Algo así como quince años.

–          ¿Qué lo llevó a tomar esta decisión de vivir lejos de todo?

–          Eso depende de donde consideres que está el todo. ¿Cómo que lejos de todo? Todo está aquí y allí, en todas partes ¿no?

–          Bueno, si, Usted me entiende que me refiero a lejos de las ciudades, de los demás.

–          Si ya sé. Te lo digo adrede. Porque es muy común eso de centralizar el mundo donde están nuestros intereses. Pero el universo es poli-céntrico parece. Contestando a tu pregunta: El temor me trajo hasta aquí. El miedo diría.

Sucede que añoraba la soledad y el silencio, la posibilidad de llevar una vida libre del ajetreo y dedicada a la oración. Pero el miedo me consumía. Temía un poco a las inclemencias del tiempo, muy rudo aquí y temía a la pérdida del fervor.

Yo formaba parte de una comunidad religiosa, muy venida a menos por cierto, en su espiritualidad y cuando el fervor se me iba podía ir a la biblioteca y encerrarme en un libro que nunca hubiera leído o acercarme a charlar con algún hermano. Pero aquí no hay biblioteca ni nadie para conversar si te agarra la angustia. Lo que sucedería en esa instancia me hacía postergar la venida.

–          ¿Pero porque quería venir? y ¿Por qué dice que el temor lo trajo si en realidad lo detenía?

–          Si. Me habían impactado mucho algunos santos en la historia que habían tomado este camino y yo sentía que debía hacer la experiencia. No te digo que estaba convencido de vivir como eremita. Pero si que debía tener la experiencia de desierto.

Y el temor no me dejaba. Incluso tuve el permiso dos o tres veces antes y lo iba postergando. Digo que el miedo me trajo porque se me hizo una cuestión de conciencia. Si seguía sucumbiendo al temor me parecía ya que estaba pecando. Que no era fiel a un llamado que tenía sentido. El miedo fue el enemigo y los enemigos sirven para que podamos saltar sobre ellos.

–          ¿Y como fue que pudo vencerlo?

–          No vencí al miedo, lo traje conmigo. Ahí estuvo el truco. Porque las postergaciones eran debidas a la búsqueda de una condición espiritual mejor para venir. No iba a venir nunca entonces. Me vine aterrado, aferrado a que mi debilidad podía ser mi fortaleza. Fue hermoso y gracioso.

Nunca recé tan fuerte, en voz tan alta como esos días. Nadie se iba a escandalizar porque estaba solo. Pero mi voz y el anhelo de sentir a Dios acompañándome me ayudaron.

–          Pero se quedó finalmente. ¿Por qué se quedó?

–          Porque se me fue el miedo y me vino el gozo. Empecé a encontrar en los momentos de oración que tenía pautados una estabilidad sólida, como nunca antes. Me di cuenta que contaba con la ayuda de Dios y que esa ayuda no era como la había esperado…

Era como una firmeza nueva. Haber enfrentado el temor me dio una tranquilidad que no había experimentado. Empezaron a pasar los días y nada malo pasaba, por el contrario. La oración tan ferviente por temerosa del principio tuvo la virtud de habituarme a un modo vocal de dialogar con El Señor.

Un hablar con Él a corazón desnudo y poder plantearle mis problemas con claridad. El silencio y la ausencia total de ocupaciones u obligaciones me permitió bucear así la verdad de mi mismo.

–          ¿Cuál es esa verdad?

–          Una gran debilidad, un temor enraizado, un anhelo de cobijo. No miento si te digo que detrás de mis cáscaras pude descubrir un niño desconcertado por las realidades de la vida. El reconocimiento de esa verdad interna parece que me permitió sentir después la protección.

–          ¿De que vive Hermano?

–          ¿Económicamente dices?

–          Si.

–          Fabrico estas sandalias. ¿Te gustan? Te vendo entonces (risas) Para toda tu familia te puedo vender. Aquí a unos quince kilómetros esta “xxx” que es el pueblo mas grande en mucho territorio a la redonda. Yo voy cada tres meses mas o menos o cuatro. La idea es con cada cambio de estación.

Es como una peregrinación. Asisto a misa, me confieso, traigo hostias consagradas para comulgar diariamente y vendo las sandalias a un señor muy amable que después se encarga de revenderlas.

–          ¿Allí se abastece?

–          Si, si. Compro lo necesario para mantenerme que no es tanto. Tengo algo de huerta como podés ver acá atrás, pero es difícil aquí, no es ni tierra adecuada ni clima propicio.

–          No tiene miedo a enfermarse y no contar con ayuda.

–          Si, a veces. Cuando el cuerpo me da alguna señal molesta. Entonces rezo con mas sentimiento (risas)

–          No se ofenda Hermano, pero ¿cuál es el sentido de una vida así?

–          No me ofendo. ¿Cuál es el sentido de la vida para ti? y…¿Qué quieres decir con sentido? Si cuando usas la palabra sentido en realidad dices resultado no preguntas sino por el usufructo, como si la vida fuera una cosa comercial en donde a una inversión debiera corresponderle una renta. Tu me preguntas…¿de que sirve esta vida?

–          Bueno, si, un poco si.

–          Por un lado te diría que no lo sé. Porque no habiendo sido yo el artífice de la Creación ni siquiera de mi propia vida, no está en mi el sentido último de la misma. Trato de vivirla del mejor modo que la conciencia me dicta. Ahora, por otro lado, la siento cargada de sentido y te diría que sé su significado. El significado de toda vida.

Pero es algo que me siento incapaz de expresar adecuadamente. Aquí a cosa de unos trescientos metros está el “xxx” que es un río de caudal muy pobre, un arroyito mas bien, que sin embargo no se seca porque es de surgente no de lluvia. Cuando voy cada mañana a recoger agua para el día, suelen coincidir conmigo algunas formas de vida pequeñitas, insectos que veo acercarse y hacer lo mismo que yo. Bebemos.

En ese momento está para mi pintado como en un lienzo, en un óleo de colores brillantes el sentido de la vida. En esa comunión simple entre nosotros y el agua, entre los insectos y yo, transita algo. Algo nos atraviesa. Pero no puedo decirte más, no sé expresarlo bien. Pero ese Algo es a quién me debo y a quién sirvo y a quién amo.

Continúa…


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14 respuestas a Entrevista al eremita

  1. Pedro dijo:

    Cuando la vida se rodea de la creación y de silencio bajo la sombra de Dios, se revela una humanidad lúcida, descomplicada, feliz, pura, genuina.

  2. Anónimo dijo:

    Gracias: Nada que decir…lo he leído y he llorado desde lo más profundo de mi ser… Gracias ha sido mi regalo en esta Navidad.

  3. Hermano Mario. Puedo traducir la entrevista y poner en nuestro blog en portugués?
    Emmanuel

  4. VIRGINIA dijo:

    Estimado hermano Abel. Desearia contactarme con Ud., Si bien, este ha sido un camino de algunos que fuè siendo preparado , ya hace un año y seis meses que estoy transitando y formandome como eremita. No obstante, si fuera posible pudiera contactarse ,mucho se lo agradecería. Unidos en la fraccion del pan. Virginia.

  5. Ernesto lemus dijo:

    hermano Abel, yo soy un laico q aun no terngo tanto tiempo en oracion…….pero al lugar q estoy todo me lo ha dado el Señor, a cada paso q doy me percato cuanto lo olvide…..despues de haber comprendido lo q Cristo queria al preguntarle a Pedro “me quieres mas q estos”……..primero pense…no me acuerdo cuando fue la ultima vez, q yo le habia expresado mi amor por El y luego entendi q nunca lo habia hecho……ahora busco cada dia la forma de expresarle mi amor por aquel q siempre me ha amado………..se q tu ya habras encontrado aun mas….pero ahora no me resisto a compartir con los q puedo esto q el Señor me ha dado

  6. Ernesto lemus dijo:

    solo una pregunta hermano…..espero pueda ayudarme…..los religiosos nunca se ponen de acuerdo q se tiene q hacer oracion o obras?

    • Hesiquia dijo:

      Estimado Ernesto.
      Es una discusión histórica, en cuanto al énfasis que se ha puesto si en la acción o en la contemplación. Sin embargo se ha resuelto de hecho por la existencia de diversos carismas (vocaciones y/o capacidades). De tal manera se han formado siempre Ordenes religiosas activas y otras contemplativas con todas las gradaciones posibles. Algunas también que tratan de aunar ambas formas.
      Un saludo fraterno en Cristo.

  7. Hesiquia dijo:

    Juan Antonio, muy interesantes los aportes que realiza a través de los comentarios. No siempre puedo responder todos, pero creáme que los valoramos y agradecemos.

  8. Juan Antonio de Latorre dijo:

    Que maravilla esta entrevista, es un manantial para el alma. Dios te cuide hermano.

  9. Carmen dijo:

    Querido Hermano Mario…profunda y entrañanble entrada…

    Ese algo que une a los insectos con el eremita y el agua… ese ESPIRITU que amanece en instantes precisos y se deja ver…y nos guiña.

    Esa obediencia a SU LLAMADA…más allá de nuestra comprensión la entiendo muy bien… Yo estuve a punto de entrar en un monasterio contemplativo… pero en el último tramo …como Abraham…ÉL me detuvo… y le volví a obedecer…para llevarle al Mundo… y en el mundo…unirme a ÉL.

    También tengo necesidad de retiros… como el eremita…y de tanto en tento…me voy fines de semana… a estar a solas con DIOS…. aún rodeada de los que estamos por circunstancias allí en ese momento…. monjas u otras personas.

    Esa compañía que ÉL ES… nos la muestra el Espíritu en el silencio de nuestro Corazón. Y aunque se desvanece con prontitud…estamos confiados y convencidos, seguros…que andamos a SU LADO… CERCA DE ÉL.

    Un especial abrazo en CRISTO.

    Carmen.

  10. Holle Frank dijo:

    Se siente que el eremita Abel tiene una honestidad y autenticidad maravilliosa. Gracias por aquella entrevista.

    • Hesiquia dijo:

      Hola Sra. Holle. Gracias por participar. Aunque no conozco personalmente al eremita Abel, mantengo correspondencia con él y comparto su impresión. Su vida es verdadera y eso surge de un corazón sincero. En esta tarea investigativa, descubro mucha mas gente de la que creía que vive en consagración total. Son semillas que han crecido y empiezan a dar fruto. En buena hora, la Iglesia lo necesita.
      Saludos en Cristo.

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