Una particular ascesis

monjedunkel

Por el sendero estrecho

Toda ascesis intenta ser un camino de elevación, un progresivo afianzar en el espíritu; un afán de trascendencia que consumándose en el desapego, permite el surgimiento de la semejanza, aquella con la que fuimos creados.

Esta ascética particular que voy a referirte es al parecer antigua. Hay quién la refiere a la comunidad de Qumrán, otros la consideran apostólica y algún otro intuye su origen en las soledades del desierto sirio.

Hermano Valentín, quién fuera mi Padre espiritual durante muchos años y hasta su muerte, la situaba en las propias enseñanzas de Cristo. Me decía que Nuestro Señor había enseñado a los discípulos mas cosas que las que por cierto figuraban en la escritura y que quizás este método era de aquellas  instrucciones mas íntimas, hoy diríamos de “entrecasa”.

Pero sea cual sea el origen de  estas disposiciones, su interés reside en la utilidad que pueda prestarnos  para asimilar nuestro corazón al de Cristo, para imitar en la medida de lo posible su interioridad hasta donde nos ha sido revelada.

Según me explicaba hace ya mucho mi querido Padre, la cuestión surge cuando proponiéndose los seguidores de Jesús llevar sus dichos a la práctica, se encontraron con las dificultades propias de la naturaleza inscripta en nosotros.

Leemos en Mateo 5, 38-42: “Habéis oído que se dijo ojo por ojo y diente por diente. Pues yo os digo que no resistáis al mal; antes bien, al que te abofetee en la mejilla derecha ofrécele también la otra; al que quiera pleitear contigo para quitarte la túnica déjale también el manto; y al que te obligue a andar una milla, vete con él dos. A quién te pida da, y no vuelvas la espalda al que desee que le prestes algo”.

Y así siguiendo varios versículos más, en la misma tónica, en ese desafío total a lo que naturalmente querríamos hacer. Toda la enseñanza del Salvador es un ir en contra de lo que espontáneamente surgiría en nosotros en esas situaciones.

¿Cómo llevar esto a cabo? Porque una cosa es desear imitar a Cristo y otra imitarlo efectivamente en la vida diaria. De este planteo surge la necesidad de esta particular ascesis, de este esfuerzo de elevación sobre lo que la naturaleza corporal nos pide, de este querer escuchar los deseos e impulsos del espíritu y no los del cuerpo.

No hay aquí odio a lo corporal, ni dualidad forzada. Simplemente el reconocimiento de que lo que de manera refleja y reactiva haríamos ante ciertas situaciones, es distinto a lo que haríamos si atendemos al anhelo del espíritu, de esa fuerza que en nosotros desea seguir al Redentor.

Pero vivimos reaccionando. La mayor parte de las actividades que emprendemos se deben a estímulos previos a los cuales damos respuesta mediante diversos quehaceres. Esto es un hecho simple y comprobable, no es una teoría que hay que defender complicadamente o una entelequia difícil de asir.

Resulta que si el Espíritu Santo ha descendido a ti no hay mas que hablar, porque esa tremenda Presencia Divina te da las fuerzas y la atención y la luz para ser capaz de coherencia suma en el camino cristiano. Pero ese no es el caso general. Las instrucciones y las cautelas y las reglas de vida y las muchas ascesis están como ayudas e indicadores para la mayoría, para aquellos que caminamos todavía en penumbras, viendo la luz en el horizonte, pero de pasos vacilantes y de temores vivos.

Entrenar a la caída naturaleza, adiestrarla, enseñarle desde el corazón profundo a servir los designios mas altos. Ese es el sentido de esta instrucción simple que dice:

En todo momento y situación, intentar no reaccionar de inmediato ante los sucesos.

Darse un espacio, una breve reflexión o simple toma de conciencia de lo que acontece, para que pueda allí la intención espiritual aflorar e imponerse por sobre la automaticidad que el cuerpo y la mente imponen.

Surge lo inesperado, lo no deseado y espontánea y veloz nace la queja, el insulto, el fastidio. Allí, aplicarse a evitar la reacción, silenciar el tumulto interior. A veces se logrará solo acallar la boca y no la mente, otras llegaremos tarde para detener la queja de la lengua pero acordándonos de nuestros deseos profundos, ignoraremos mas fácilmente la marea mental.

El que entrena no desespera del error, sabe que se prepara para la competencia, esta buscando ser capaz. Permanentemente buscar con calma la no reacción. No hablar innecesariamente suele ser un excelente ejercicio que sigue esta misma dirección. Porque solemos hablar como reacción refleja a la tensión interior. Nos sentimos desasosegados y entonces hablamos, nos perdemos en cualquier tema y en el diálogo olvidamos la raíz de la inquietud.

No comer hasta la saciedad o privarse de aquel condimento o comer lento, pueden ser todas formas de ir acostumbrando a la corporalidad a someterse a los dictados de nuestra parte mas elevada, de aquella que nos dice que queremos seguir a Jesucristo. Porque comer también suele ser una forma de reaccionar a la tensión interna y no la que produce el hambre precisamente. Las mas de las veces comemos también para anestesiar inquietudes, para silenciar preocupaciones, para salirnos de aquello que nos atormenta.

Porque sino ¿cómo haremos para no devolver el golpe? ¿cómo haremos para dar también el manto posesivos como somos? Dice El Señor en Mateo 5, 27-29: Pues yo os digo que todo el que mira con deseo a una mujer ya cometió adulterio con ella en su corazón”.

¿Cómo haremos para evitar semejante cosa? Porque esta claro que se pide no solo lo exterior sino también la pureza interior. El deseo es espontáneo, innato a lo carnal, ¿cómo dominarlo sin atención vigilante? ¿Y cómo mantener la atención despierta sin práctica a cada momento que desarrolle esta facultad? El desafío y el combate ocurren a cada momento.

Cada situación es oportunidad de entrenar la capacidad de no reaccionar como lo quiere la caída naturaleza humana, mental y corporal. Hubo un científico famoso, que programaba las ratas para actuar según los estímulos placenteros o dolorosos que él, en su laboratorio concebía. Formuló una teoría conocida luego como del reflejo condicionado. Que no nos pase lo mismo. No permitamos que nos domestique una sociedad que se debate en crispada alienación.

Construyamos en nuestro interior una fortaleza inteligente, que decida la conducta del cuerpo y los temas que habitarán la mente. No se trata mas que de ser dueños de nosotros mismos para poder darnos al Señor.

Uno puede dar lo que posee. ¿Cómo darnos si no somos dueños de nuestras propias reacciones?

Además del vehemente deseo de ser coherente con la enseñanza, se necesita la capacidad de hacerlo y la gracia cumple su papel pero también la voluntad humana. Esa voluntad es la que se debe entrenar. De eso se trata esta pequeña ascesis que te comento.

¿Es un no dejarse llevar, un ir contra la corriente? Si. Pero de modo sostenible.

Algo que pueda instalarse y allí quedarse, no una represión que cuando viene un mal momento produzca un tremendo rebote y explote lo reprimido causando males mayores que los que se hubieran producido originalmente.

Mucho de eso está aprendiendo la Iglesia debido a los escandalosos sucesos conocidos los últimos años pero existentes desde siempre. Porque a la represión le corresponde como reacción una explosión. En cambio a la superación, a la elevación de las fuerzas le corresponde un abandono de las problemáticas, un cambio de temáticas, un interés nuevo por otras cosas.

Como dijo el poeta, se trata de volar por encima.

Continúa…


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Dichosa ventura

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4 respuestas a Una particular ascesis

  1. Lupita Montano dijo:

    Realmente heroico lograrlo -por supuesto que solos no podemos y tenemos -en todos los momentos del día- que invocar al Espíritu Santo en la oración del Cardenal Verdier. Reaccionar pausada y controladamente ante tantas provocaciones contra los católicos desde hechos hasta palabras (aborto; terrorismo; violaciones a menores; insultos al clero o a la fe; críticas veladas e indirectas a nuestras posiciones católicas) … Mi alma llora en silencio y no paro de orar por sabiduría y autocontrol.

  2. Manuel Sepulveda dijo:

    ahí es donde radica lo que la misma Palabra dice: el que perservere hasta el final se salvara

  3. uno mas dijo:

    Aunque un poco tarde, merece un comentario. Es una grata inspiracion de E.S. este escrito; lucharemos con los ojos bien abiertos con las armas de LA GRACIA y la voluntad

  4. Francisco Gigena dijo:

    Muy buena enseñanza. Sensata y cabal. ¿Pero como hago para distinguir lo que es reaccionar de lo que no?
    Gracias por esta web.

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