Interpretación y tendencias

Ermita del Charles de Foucauld en L'Assekrem

Ermita de Charles de Foucauld en L’Assekrem

Fragmentos:

Aquello a los que nos sentimos llamados, nuestro deber… proviene de una fuente externa a nosotros y de una fuente interior. La primera, los Evangelios; la segunda, lo que sentimos como vocación personal.

En general, mas allá de cualquier magisterio, las personas interpretamos la escritura, de modo personal, leemos poniendo nuestro personal énfasis.

Es decir, que algunos atenderán a ciertas partes del Evangelio relegando otras y aquellos otros por el contrario, destacarán lo que  para los primeros, suele pasar inadvertido.

La subjetividad, parte ineludible de toda percepción, es la que hace de tamiz en cada lectura. Pero lo relevante, es que esa subjetividad puede estar participada por un deseo de perfección, por un llamado a la santidad o puede ser una visión mezclada con vicios irresueltos o por una tendencia acomodaticia hacia las propias pasiones.

Cuando leemos la Palabra, ¿nos guía el afán de hacerla molde de nuestra vida o el de conservar los hábitos que cargamos sin cambios dolorosos para el ego y sus variadas posesiones?

Y en lo que atañe a la vocación personal, creo que debe ser discernida con mucha atención, mediante un minucioso examen de las motivaciones internas. Hay que descubrir el “para qué” genuino de las acciones que voy a emprender, cualesquiera sean.

El señor, nuestro Dios nos habla a través de la buena nueva evangélica y a través del corazón, en lo íntimo subjetivo. Pero resulta que a unos el Evangelio parece decirles una cosa y a otros otra, produciéndose el fenómeno de –hacerle decir a Cristo lo que uno quiere que diga- no necesariamente con mala intención, sino influenciados por esto que destacamos, de las motivaciones internas no claramente vistas, no del todo conscientes, que a modo de compulsiones van guiando toda la interpretación.

Disculpa si me repito a veces, sucede que te escribo como si pensara en voz alta por la confianza que nos une y voy y vengo en el discurso hasta que acierto a decir lo que tengo para decirte.

Imagina cuanto más es desvirtuado y transformado según las apetencias lo subjetivo en sí, esto es, lo que no dependiendo en forma alguna de algo estable (como los evangelios) muda de continuo según mociones, locuciones, divagaciones, carencias, actitudes, humores fisiológicos y mudanzas anímicas. 

Existen multitud de fenómenos síquicosey Es por esta tremenda multiplicidad de mundos interiores, por esta curiosa composición de lo humano, que nos encontramos luego por ejemplo, con alguien que viviendo en la opulencia, se dice cristiano. Como si cupiera la posibilidad de pertenecer a Cristo, atesorando riquezas hasta la hartura.

Por eso, y lo sabes por nuestro pasado en común, que prefiero monjes y monasterios en la carencia, aún desmedida, antes que aceptar donativos y ayudas que sirven más para tranquilizar la conciencia pecaminosa de algunos que para edificar nuestras vidas.

Pero  siguiendo con lo anterior; es por esta diversidad interpretativa, que vemos a uno corriendo presuroso a visitar innumerables médicos, temeroso del síntoma que podría representar una afección, desesperado por evitar la ocasional presencia del dolor y a otro; permanecer tranquilo ante afecciones y dolores varios y aún ante la muerte inminente.

Como fue el caso de Nicolás, a quién seguro recordarás, quién adaptándose totalmente a la voluntad Divina, consideraba todo como obra de la gracia para su transformación íntima.

Así, entre uno y otro extremo se hallan todas las gradaciones posibles. ¿Quién obró bien? Para unos lo de Hno. Nicolás fue algo parecido al suicidio, negábase a recibir médicos, no queriendo oponerse a los designios de Dios. El decía y lo sostenía con coherencia total, que si Dios quisiera que el continuara con vida implementaría su curación. Y así murió, en la certeza de que ya le había llegado el tiempo de la misericordia, de dormir en la beatitud del Padre.

Para otros, entre los que me cuento, consideramos que era un santo anónimo, alguien que en el anonadamiento absoluto hizo llover muchas gracias sobre todos los que lo rodeábamos. Todo depende creo, de quién juzgue y de la genuina conciencia de cada uno. Y, en todo caso, mejor no juzgar, no sea que nos midan con la misma vara.

Querido hermano: En lo personal trato de evaluar las acciones ante la mirada de Dios. Me fijo si esto que hago podría hacerlo igualmente ante la mirada de Cristo. Si bien todo lo efectuamos en Su presencia, hago el ejercicio particular de imaginarlo ahí, delante de mí, viéndome en forma personal y esto ya suele dejarme claro respecto a la naturaleza de la acción que voy a ejecutar.

Por supuesto que no me estoy refiriendo a aquellos actos fácilmente discernibles a través de los mandamientos, sino a cuestiones no del todo regladas o clarificadas. Por ejemplo la proporción en el ayuno o los grados de mortificación personal, el esfuerzo que será necesario aplicar para solucionar alguna dificultad, el sitio y el modo de llevar adelante un apostolado, etc.

Una consideración especial atañe a lo que sabiendo que deberíamos hacer, no llevamos a cabo por debilidad personal. Este darnos cuenta de que quisiéramos hacer esto o aquello, de que quisiéramos ser mejores,  pero no nos animamos o no nos atrevemos… esta conciencia de lo querido distanciado de lo logrado, ayuda y nos cimenta en la verdad. Pidamos la gracia de mejorar cada día.

Distinto al caso de quién al no poder lo más, interpreta la norma según lo menos para mantenerse en la cima del “deber ser”.

Cristo pidió pobreza y he aquí que alguien nota que no es capaz de despojarse de todos sus bienes, muy bien; pero ese admitir lo que sucede, es un tipo de acto mas edificante que iniciar argumentaciones respecto a lo que se refería el Señor, arguyendo que era solo a una actitud de desapego interior, que por otra parte el que interpreta tampoco lleva a cabo.

Hace falta mas lectio. Leer los Evangelios con sumo cuidado puede sorprendernos. ¿Hemos leído a Cristo? Si bien siempre nos quedarán oscuridades, muchos versículos de sobre conocidos llegarán a iluminarnos si los leemos con el corazón abierto y pidiendo la gracia de no interpretar según nuestra mirada caída. No lo dudes, somos muy poco consecuentes con la enseñanza.

En el próximo retiro, les sugiero, si pudieran destinar unas horas a la reflexión acerca de la jornada cotidiana de cada uno. Hacer un esquema del día típico y luego fijarse con atención esmerada si todo ello cuadra con el mensaje de Nuestro Señor. Si miro mi día al prisma del Evangelio…¿Qué veo? Quedarán desnudos ciertos actos de inconsecuencia.

Ya que vas a estar con laicos estos días, te recomiendo brevemente:

Resulta muy interesante tamizar con la enseñanza de Cristo las horas que se pasan frente al televisor. Rápidamente concluirán que mas vale conversar en familia, y hasta compartir algún juego entre todos, leer o lo que fuera antes que someter las mentes propias y de los niños a los valores decadentes y consumistas que transmite ese medio.

Como no sea algún documental o programa de elevación, algunas películas hermosas muy raras, la actitud de un buen cristiano esta mas cerca de apagarlo que de encenderlo. ¿Será pedir mucha coherencia?

Se habla y se critica a las drogas como factor enajenante y esta muy bien y es muy cierto; pero ¿se enfatiza también en la verdadera narcosis necrotizante del alma que hacen los medios? Seguro que no. Se considera a esta una posición extrema y con ello se abre paso a la exacerbación de las pasiones ya desde corta edad.

Me he extendido demasiado. Eso es todo por ahora. Ruego a Cristo siga alentando en ti el deseo de perfección y santidad.

Contemplación y redención

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