Experiencia de Dios

Madre de Dios de Novgorod

Madre de Dios de Novgorod

Hija consagrada al servicio de Cristo:

En tanto no te hagas señora del cuerpo, para conservarlo tranquilo y quieto, no habrá iluminación espiritual. Menos aún acciones que no resulten de la búsqueda desesperada del cuerpo por los placeres múltiples.

Debes darte cuenta, que hasta no lograr este señorío sobre lo corporal, todo lo que hagas resulta de la apetencia sensorial, del querer los sentidos recibir impresiones fuertes. Ellos buscan variaciones continuas desde su estado previo.

Has de aquietar esta necesidad inscrita en los órganos de percepción, de recibir constantemente estimulación del ambiente. Este instinto puesto allí para servir a la conservación de lo físico, ha caído también junto con toda nuestra naturaleza.(Gn. 3)

De hecho atiende a lo que te digo a continuación, porque no peligra ahora tu vida de la materia sino la vida espiritual, única y verdadera vitalidad.

Desligar las vivencias del mudable y constante flujo de los sentidos es imprescindible si de recibir el Espíritu Santo se trata. Encandilados por las sensualidades de lo perceptible fuera, no advertimos sus impulsos y mociones, dentro.

Esta sensualidad innata corporal busca contacto de apego expandiéndose en la esfera de lo concupiscible, de lo adquirible en cuanto poseíble y en el campo de la egolatría. Has de saber que lo que atesoran estas esferas de acción de los sentidos es intensidad de experiencias, que producen atadura y  sujeción como ancla clavada profundamente en el lodo. Recuerda que detrás del ansia de lo que parecen objetos, personas o sucesos en el mundo, yace el afán por sentir fuertemente.

Te insisto: No se busca lo que parece que se busca sino la intensidad que de todo ello deriva. De allí que sexualidad y comida sean tan llamativos antojos, porque conmueven notablemente lo sensorio; pero inequívocamente a poco de saciarse reclaman nuevo sustento y de esto resultan encadenamientos sin fin.

Y si la saciedad genital o del vientre es frecuente, irá necesitando cada día el sentido mas estimulación para alcanzar igual contento, por lo cual se abre paso rápidamente a cualquier extremo.

También, mediante el apresamiento de objetos diversos se va obteniendo la sensación correspondiente a estos y entraña terrible ligadura el deseo de acumulación, porque a poco de tenerse pierde cada objeto la capacidad de originar el placer que producía; haciéndose necesarias cosas cada vez mas sofisticadas para alcanzar nuevamente la pasajera satisfacción.

Es así como puedes observar acaudalados hacendados corriendo afiebrados de una finca a la otra y de un palacio al otro, insaciables ya, persiguiendo un gozo cada vez mas esquivo, que antaño disfrutaran con la posesión de su primera hacienda, unos pocos días. Y, aunque no lo saben, darían todo lo que tienen por alcanzar la paz, que es lo que ignoradamente buscan en todo eso que adquieren.

Triste situación también la del poseído por el afán de notoriedad, motivación corriente  en los doctos y eruditos, aunque de ello no suelen librarse tampoco los simples. Has de entenderlo: quién va tras la admiración de los demás, busca sentirse henchido y prendado de si, con la voluptuosidad que a ello corresponde.

Algunos porque tienen momificadas de tan turbias las emociones y con la fama les parece revivir. Y otros, porque sufriendo de continuo el dolor de rechazarse a si mismos, logran con el aprecio ajeno estimarse un poco. Paradójico pero cierto, descubrirás en los mas engolados y afectados, el oculto vituperio y escarnio que se hacen por alguna inconfesable mancha que con culpa lacerante los llaga como herida supurante.

No habiendo logrado aceptarse miserables, ni arrepentirse profundamente, han invocado en lugar del perdón, la gloria del mundo, queriendo con ello olvidar lo que llevan dentro.

Hija en Cristo, precisando ahora la substancia a la cual quiero llegar desde el principio: esta esclavitud nuestra al soma y psiqué tienen su causa no en donde parece, esto es en los sentidos corporales, sino en una falta de plenitud, que es anterior.

¿Porqué razón sale tan presuroso el cuerpo al mundo mediante los sentidos?

Porque lo que siente ya de por sí, no lo está saciando. No siente en si mismo plenitud ninguna sino fragilidad y temor y angustia. Cual cáscara vacía experimenta el horror de no ser o mejor dicho, de ser solo carencia.

Este no poder aquietarse tiene como raíz no las pasiones sino la ausencia de Dios en el interior del hombre. Y esta ausencia deja al cuerpo como cadáver que se agita por la inercia de su origen, presa fácil del hervidero de la sanies de la carne.

Este cuasi cadáver que empieza a ir de aquí para allá como tamo llevado por el viento, cae víctima de su barbarie intrínseca porque habiendo sido originalmente animado por el Divino soplo, sin él queda como simple bestia desgarrada entre tensiones opuestas. (Sal 1, 4) (Gn. 2, 7 y Gn. 6, 3)

Debes tener la certeza de que sin el Espíritu Santo, sin este Divino soplo en nosotros, caemos bajo el imperio de lo pasional sin remedio y toda lucha contra ello estará amenazada continuamente por la derrota. Por eso decían algunos monjes antiguos que luchaban contra la carne hasta el fin de sus días. Porque no puede ella ser vencida desde ella misma.

En cambio aquellos que eran inhabitados por el Santo Espíritu de Dios, vencían de una vez y permaneciendo no obstante vigilantes, se aposentaban en una beatitud que les permitía regalar múltiples carismas.

Apreciada Hija en Cristo:

Solo recibiendo la gracia santificante que da vida verdadera, solo con un corazón hecho fuego pentecostal, podrás librarte de la causa raíz de toda voluptuosidad. Y entonces apartarte de los deseos corporales no resultará cuesta demasiado empinada sino incluso camino llano. ¿Pero que puedes hacer para precipitar Su venida en ti? Me dices que oras de continuo sin alumbrarlo en tu interior.

Te digo: La experiencia de Dios, la venida en uno del Espíritu Santo, la iluminación; debe ser el máximo deseo o mejor, el único deseo. Esa es la llave veraz, la puerta estrecha pero abierta, el camino seguro. Puedes orar días y noches y por años sin frutos, si mientras oras deseas otras cosas y no solo a Dios. Pero dificulto que tengas constante oración sin ese aquilatado deseo.

Toda acción y pensamiento y sentimiento debe someterse tanto en lo interior como en lo exterior al objeto de nuestro amor. Nada debes hacer, ni decir, ni pensar que no te lleve a Dios; mide todo según esa vara y debes hacer de este deseo profundo el único sentimiento. Esto que voy a hacer, esto que miro, esto que discurro, ¿me acerca o me aleja de Lo único importante?

¿Quieres la experiencia de Dios en ti? Entonces no quieras nada más. Ni respeto ajeno, ni admiración, ni justicia, no quieras ninguna razonable cosa ni irrazonable, no digas, no pienses, no masculles, solo deséalo intensamente y llámalo en la oración con ese fuego del ansia concentrada solo en Él.

¿Él Señor no viene? Gime, solloza, duélete y pídele con gritos interiores que te dignifique para recibirlo. Pide misericordia y sé paciente sin perder el vivo deseo. No busques soluciones parciales, no quieras componendas o mitigación o esta o aquella condición exterior para pasar tus días, porque nada tiene sentido sin Él y nada se resuelve realmente sin la curativa y devastadora Presencia del Espíritu Santo.

Digo devastadora porque cuando viene deja en ruinas la individualidad mezquina que no es otra cosa sino el cuerpo cadavérico en acción.

Pero difícilmente se unifique tu deseo si antes no se produce en ti una comprensión penetrante de la insustancialidad del mundo. Porque no hay sentido ni sustancia en el mundo sin Dios en la mirada fluyendo desde el corazón de Cristo, que es el Espíritu Santo. Tienen razón, en ese sentido los que dicen que el mundo es ilusión, porque sin Dios semeja fantasmales figuras móviles y cambiantes que danzan hacia la muerte en perpetuo rugido sufriente.

No te dejes engañar: Toda alegría que veas en el siglo, es efímera y viene a soportar brevemente la angustia de fondo que espera palpitante para atacar. Observa que al mas bello y al mas famoso y al mas poderoso, le llega la vejez, la enfermedad y la muerte.

Si fundas tu vida en la carne, si a la carne te asimilas, sufrirás el destino de toda carne que es la putrefacción final. Pero si invocas al mas Alto para que te conceda el destino mayor al que fuimos destinados, tendrás un arca y una tarea y una prosperidad espiritual. (Gn.6, 5 – 9, 17)

Me acuerdo de ti en mis oraciones y te recuerdo con calidez de padre, por eso te hablo con claridad y rudeza, para darte lo mejor que puedo. Puedo asegurarte que el paraíso esta aquí mismo, retirándote un poco hacia atrás de los sentidos, buscando el latido expansivo de una luz que no quema ni se apaga.

Texto propio del blog

Sitio recomendado:

vaticanlibrary


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3 respuestas a Experiencia de Dios

  1. Yany dijo:

    ooohhh siii cuánto esfuerzo y cansacio experimenta el alma que busca y busca… quizás todo sea parte inevitable de este camino, pero, a ratos mi alma desfallece y cree no podrá continuar, Bueno, un abrazo en el AMOR de AQUEL que todo lo PUEDE — JESUCRISTO — ¿ABANDONO? ¿COMPRENSIÓN? mmmmmhhh. Todo es para el bien de nuestra alma que cansada espera y nada entiende. bendiciones.

  2. Andrés dijo:

    Buenas tardes, que lindas esas palabras y consoladoras sobre todo para un corazón cansado y reseco como el mío, pues últimamente estoy en la búsqueda de Dios, del manantial divino de amor que inunda los seres humanos. Tengo una meta en la vida y es la contemplación de cristo y veo que es una lucha constante con mi propio ser, que constantemente afirma ideas contarias al plan divino. Claro que con la ayuda de la gracia divina sé que podré vencer las pasiones y mi cuerpo que ha navegado como barco sin timón.
    Que el señor derrame sus bendiciones sobre usted, y gracias por contar esa experiencia de Dios. Todos los días me acerco a este blog para admirarlo.

    • mario de Cristo Salvador dijo:

      Gracias Andrés, un aliento lo que dices. Si la gracia sin duda y la voluntad personal y también es imprescindible la comprensión de los propios mecanismos mentales , que conspiran contra nuestra intención profunda.
      Un abrazo en Cristo.

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