Aproximación a una Regla de vida


Cerca de las ermitas

¡Muéstranos tu rostro Señor!

La Ascesis Corporal

Nepsis – Sobriedad

Ayuno de los sentidos

– Castidad

  • Debe ser total y absoluta. Del cuerpo, de las miradas, de las palabras y de los pensamientos.

– Austeridad

  • En la alimentación, el descanso, la higiene y la recreación.

– Pobreza

  • No poseer nada. Nunca comprarse nada. Hacer de la desposesión el único bien.

La Ascesis mental

Àpáteia – Impasibilidad

 

 

Ayuno de la mente

– Verdad

  • Jamás  faltar a la verdad, ni en las palabras ni en los gestos  o actitudes.
  • No actuar según el cálculo de lo conveniente. No especular.

– Mansedumbre

  • Aceptar todo como venido de Dios.  No enojarse.  No quejarse, no compadecerse  a sí mismo.

– Humildad

  • No buscar destacar en nada. Permanecer en silencio. Servir a los demás como al mismo Dios.

 

 

La Vida Espiritual

Hesyquía – Silencio

 

 

Paz del Corazón

– Eucaristía Diaria

  • Es lo mas importante que ocurre en la vida, incorporar a Cristo en nosotros, ofrecerle nuestro ser. No faltar nunca a La Santa Misa.

– Sacro Oficio

  • Unido a todo el cuerpo místico de Cristo, participar de la redención del mundo. Reza todas las horas del Oficio Divino, con unción, reverencia y amor.

– Oración Continua

  • Repite incesantemente la Oración de Jesús o pronuncia sin interrupción Su Santo Nombre; con los labios, la mente y el corazón. Que permanecer en Su Presencia sea como respirar, un acto continuo irrenunciable.

– Duplicar los talentos

  • Reconoce tu talento y ofrécelo al servicio de la Causa de Cristo, devuelve con creces lo que has recibido. Sirve a la Iglesia con devoción allí donde seas mas útil y necesario.

 

Algunas consideraciones

 

 

Ayuno de los sentidos

–          Todo placer que permitas a los sentidos corporales, te será reclamado luego en forma de hábito esclavizante. Vivirás atado a los recuerdos y al deseo de los placeres que hayas vivido.

–          Pero si te niegas, a medida que transcurra el tiempo, serás liberado de lo viejo y te afirmarás en el hombre nuevo, vivo en Cristo. La vida y las costumbres de los justos se te harán naturales.

Castidad

–          Debes ser intransigente con la virtud de la castidad, porque así como no hay ayuda mas grande para el crecimiento espiritual que la virtud de la pureza, tampoco hay esclavitud mas recia que la de la lujuria. Se casto a toda costa; para lograrlo, invoca al Señor Jesucristo ante cualquier tentación y considera como falta a la pureza una mirada, un pensamiento, un tema equívoco de charla. Se estricto en esto y verás la recompensa en una creciente libertad de lo que domina al mundo.

Austeridad

–          Come moderadamente, sin esperar la saciedad.

–          No comas carne de ningún tipo, esta te conduce a la lascivia y se opone a una atenta vigilia. Conspira contra la oración, embota la mente.

–          No condimentes los alimentos, acepta el sabor que a ellos ha dado El Señor en la creación. Persevera y verás que el sabor natural es agradable y no encadena los sentidos.

–          Bebe solo agua en las comidas y en los refrigerios alguna bebida propia del lugar donde vives, mientras no sea embriagante ni turbe la atención de tu conciencia.

–          Trata de no dormir mas de seis horas y, si puedes, divídelas en dos períodos. Recuéstate en el piso, sobre alguna madera o cobertura que te proteja del frío pero que no sea mullida. Abrígate con una manta lo necesario pero no consientas al cuerpo con una comodidad excesiva. El tiempo te mostrará también que dormir-velando sin placer ni dolor es posible y que colabora con el sostenimiento de una oración incesante. No uses almohada o apoya la cabeza en un simple tronco imitando a Los Padres del desierto.

–          Mantén limpio tu cuerpo, tanto como deseas limpia la mente y el espíritu. Usa siempre agua fría y desecha todo tipo de afeites y amaneramientos. El simple jabón crudo bastará.

–          Desecha todo divertimento del mundo. Si te sientes saturado o asfixiado, camina, respira hondo, cambia de lectura espiritual o conversa de algo edificante con algún hermano muy cercano; aplícate a algún trabajo manual o al servicio del prójimo, pero no mires televisión, verdadero instrumento de perdición y animalización de las personas. Si acudes a estos medios tecnológicos, que sea para edificación (ver una película cristiana) o para evangelización (Difusión en internet de la buena noticia) y solo para eso.

Pobreza

–          No poseas lo que usas. Conténtate con algunos pocos libros, la ropa indispensable para tu trabajo y vida cotidiana, uno o dos iconos. Manéjate según lo necesario(1) y suprime lo superfluo. Cuídate de la sensualidad “espiritual” que te lleva a poseer múltiples objetos religiosos, es la misma vieja avaricia solo que disfrazada. Se pobre como lo fue Cristo.

–          Cuando El Señor habló de pobreza lo hizo en los dos sentidos, material y espiritual. Cuídate de las interpretaciones “convenientes” que afirman la necesidad de la pobreza espiritual, silenciando la necesidad de la pobreza material. Todo aquél que tiene mas de lo necesario para vivir, que atesora lujos, o mantiene hacienda sin tenerla al servicio de los demás(2), no esta siguiendo El Evangelio de Cristo. No lo tomes de ejemplo.

–          Recuerda, lo único necesario es servir a Cristo y a Su Iglesia, evitar a toda costa el pecado e internalizar la enseñanza evangélica. Lo demás sobra o esconde la debilidad de la persona que no puede prescindir.

Ayuno de la mente

 

 

Verdad

–          Además de seguir los mandamientos que conoces, esfuérzate en no manipular la realidad según tus apetencias. Cuídate especialmente de la mentira, recurso fácil de acomodamiento de los sucesos a tu particular conveniencia. No mientas nunca, aún a costa de tu prestigio. Niégate a responder si te ves obligado por la conciencia, pero no incurras en la falsedad.

Mansedumbre

–          La ira es la puerta al infierno y follaje del orgullo, cuya raíz la soberbia, encadena al tentador. No te enojes nunca. Recuerda que la violencia es patrimonio de los débiles, de los que sin tener fundamento veraz necesitan imponerse de cualquier modo.

–          La esencia y el modo de manifestación son una misma cosa. Pasa a través, como El Señor en medio de la turba, confiado en Él y no en tus ínfulas. Las más de las veces, la ira nace de la vanidad y el engreimiento y si bien hay una ira santa, como la de Nuestro Señor con los mercaderes del templo, examina con atención tu conciencia antes de ejercitarla, no sea que motivaciones egoístas la estén alentando.

Humildad

–          Si nos examinamos un poco se nos devela el horror de nuestra miseria. Aún en gracia y en salud espiritual; librados a nuestra sola fuerza sucumbimos.

–          Sabemos que si Él Señor no construye la casa en vano se esfuerzan los constructores, por lo cual ánclate en esta convicción y certeza nacida de la conciencia del pecado y la debilidad.

–          No afectes humildad. No es humilde quién se rebaja sin sentirlo, sino quién se conoce y no se olvida que no es capaz de añadir un milímetro a su estatura.

Notas

(1)    Se entiende por necesario aquello imprescindible para la continuidad de la vida o de la actividad de que se trata. Lo que de no hacerse o no tenerse pone en peligro la integridad o continuidad.
(2)    No es tener la hacienda al servicio de los demás, la paga miserable, la servidumbre o el aprovechamiento de los demás mediante la explotación, para aumentar las propias arcas. Sino aquella de la cual, habiéndose separado lo necesario para su mantenimiento, reparte su utilidad entre quienes lo necesitan de modo inteligente (No la dádiva inconducente, sino la que genera autonomía creciente (Generar emprendimientos laborales etc.)

Aproximación a una Regla de Vida


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Vía Cordis

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3 respuestas a Aproximación a una Regla de vida

  1. María Eugenia dijo:

    “Es duro este lenguaje… quién puede escucharlo?” … pero es maravilloso… Sólo con Dios es posible vivirlo.

  2. Gabriel dijo:

    cuànta frescura y dulzura traen a mi corazòn el leer estas palabras del Espìritu… gracias Señor Jesùs…

  3. Alexis dijo:

    “Gracias Señor Dios amado por estas notas de reflexión sobre la vida monástica; la entrega total atí”: Pido también para poderla llevar con auténtico amor.
    Amén.

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