La verdad del Corazón

Cristo en el descendimiento

Cristo en el descendimiento

La teoría de la verdad es un nivel interesante de conocimiento, pero no es la verdad. Principalmente porque involucra solo una parte del hombre, su entelequia.

La práctica de la verdad es cosa muy buena y útil, pero no es la verdad, porque abarca solo el aspecto motriz del hombre, sus movimientos en el mundo.

De esto que se puede practicar la verdad sin comprenderla o comprendiéndola, no practicarla.

En cambio, existe una vivencia que implica percepción, intuición y certeza, que envolviendo práctica y teoría, las supera.

Esta integralidad de la experiencia deriva de la verdad que puede hallarse en el corazón.

Pareciera este órgano o la facultad aludida cuando se habla de él, un modo sintético de aprehensión de lo real, que permite el alumbramiento de la verdad en el interior humano y su proyección en lo cotidiano.

La verdad encuentra en el corazón un ámbito que puede contenerla. Es este centro del Ser el lugar propicio para que viva la verdad y crezca expandiéndose a todo quehacer.

El corazón admite manifestaciones del espíritu no estructurables por otras capacidades humanas. Esto se debe quizás, a que solo la totalidad de la potencialidad humana puede acceder a la verdad y esta esencialidad no contingente, hace base firme solo en la médula del alma.

La Verdad es Dios y Dios es verdad porque ES.

En cierta manera, la verdad del corazón es experiencia de Dios, porque lo del corazón es lo nuestro propio en cuanto Ser. Somos el corazón o mejor dicho, allí reside todo lo que somos.

Quiero decir, el hombre ES su corazón, allí habita su intención profunda, su verdadera práctica y conocimiento. Porque no podemos definir al hombre por sus manifestaciones, ni por sus elaboraciones, ni por su lenguaje, sociabilidad o historicidad. Ni siquiera por su presunta capacidad de transformarse a si mismo. No nos bastan esas miradas porque no lo alcanzan por completo.

Pero si digo que el individuo es la intención profunda que anima su corazón y que esa intención es un desgarrado anhelo de Dios, en tanto verdad última; daré con la sustancia básica que a toda nuestra expresión contiene.

Porque no hay ni ha habido un solo pensamiento, ni un solo sentimiento o acción que no estuviera movido por la búsqueda afanosa de la Verdad-Dios, aún cuando se la haya nombrado de diversas formas.

La Verdad-Dios es lo absoluto, lo totalmente no relativo, y en ese sentido es lo infinito porque lo que caracteriza al ser de lo absoluto es que no puede dejar de SER.

Si la comprensión del cristianismo y la acción cristiana nuestra no están sostenidas en una experiencia íntima de Dios-verdad en el corazón; no evangelizaremos porque no portamos a Cristo y a Su espíritu en nosotros.

Declamaremos Cristianismo  o lo imitaremos con las conductas pero no será auténtico Cristianismo.

Por eso resulta común ver a eruditas luminarias viviendo una vida de tibia incoherencia o a tantas acciones caritativas y solidarias que sin embargo no encienden ni transforman.

Porque el Cristianismo resulta de una experiencia interior del amor de Cristo que se convierte en amor por Cristo. Y no es como dicen, que en estos tiempos el Cristianismo se manifiesta de otro modo, sino que lo de estos tiempos no manifiesta Cristianismo.

Porque Cristianismo es pobreza y oración continua y comunidad de bienes y carismas del espíritu. Porque el Cristiano, gracias al poder de Cristo y en Su nombre, sana a los enfermos, expulsa a los demonios y verdaderamente limpia de todo pecado  y sus consecuencias.

Es en estos tiempos trágicos donde la humanidad parece reducida a básicos mecanismos primitivos de acción y reacción, donde el sentido de la vida parece radicar en la obtención de algún nuevo producto tecnológico o en la eliminación de algunas arrugas que afean el rostro, donde a veces se siente vergüenza de pertenecer a la especie humana… cuando renace la esperanza.

Es necesario no creerse los jóvenes el mensaje y modelo difundido por los medios de contaminación masiva de que ser santo o buen cristiano es sensiblona beatería o amanerada santería. Por el contrario, ser Cristiano implica suma valentía para no dejarse llevar de las narices por los ideales actuales, en donde se proclama como máximo logro de vida comprar ciertos objetos o vestir de cierto modo o reírse de cuanta estupidez se ofrece a la vista como esparcimiento.

Ser Cristiano hoy, lo ha sido siempre, es una actitud viril de no necesitar las mil blanduras para el bien-estar. Es el recio carácter de no ponerse primero que los demás, sino a su servicio. Es poder prescindir de todas las tonterías del mundo quedando libre de la hipnosis consumista para vivir un destino sagrado.

Ser Cristiano es ser de Cristo, es no necesitar la fuga de mi mismo mediante la alienación de las diversas drogas o de la diversión anestesiante.

El Cristiano prescinde porque no necesita y no necesita porque vive en si mismo la experiencia de Dios. Y, si no la vive la pide, porque sabe que no tiene otro sentido la vida aquí.

En esta sagrada conmemoración del martirio de Juan El Bautista, nuevamente en la historia una voz clama en el desierto y nos llama a una conversión profunda.

Juan nos llama con su martirio a ser coherentes. A decir la verdad, a vivirla y a soportar las consecuencias que se derivan de ella. Juan denunció y Juan murió. Juan, fue cristiano.

Porque el llamado a la santidad y a la perfección es tan solo un llamado a ser Cristianos, de Cristo. Porque no puede concebirse a la luz del Evangelio un Cristiano que no sea Santo. Porque sino se es Santo no se es Cristiano. Y entiendo por Santo no al perfecto sino al que anhela y gime por adecuarse a la enseñanza de Cristo, aunque tropiece.

Si observamos detenidamente la vida de los Santos históricos, vemos que su perfección libre de pecados fue solo una cumbre de su vida mística. Lo que los caracterizó no fue la ausencia de manchas sino su enconada y valiente búsqueda de seguir a Cristo.

Juan El Bautista nos anuncia la venida del Cristo Hijo de Dios, Salvador del mundo, porque si bien El Señor vendrá para todos según está anunciado, puede venir para cada uno desde hoy mismo si escuchamos el llamado de Juan a enderezar los caminos.

El Cristianismo es la experiencia interior de las bienaventuranzas proclamadas por Cristo o el avance decidido hacia esa experiencia; que a diferencia del resto de las experiencias de la vida alienada, no es efímera y pasajera, sino fundante y total.

Porque el Cristianismo es una vivencia abarcante y transformadora que plenifica la vida desde su raíz, es la intima certeza de un corazón encendido que se sabe hijo y a esa realidad se confía.

Textos propios del blog

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2 respuestas a La verdad del Corazón

  1. monica dijo:

    es la intima certeza de un corazón encendido que se sabe hijo y a esa realidad se confía.

  2. LAURA NATALY dijo:

    ME GUSTO TODO LO QUE LEí.

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