Hesichía del corazón

 

1. La sobriedad es un método espiritual que, si es duradero y se lleva a cabo voluntariosamente, con la ayuda de Dios, libera a todo hombre de pensamientos pasionales y de palabras y obras malvadas, y en la medida que sea posible, dona el conocimiento seguro de un Dios incomprensible…es propiamente la pureza del corazón, que por su grandeza y por su belleza – o para decirlo mejor, por nuestra negligencia – es rara hoy en día en los monjes.

3. La sobriedad es la vía de toda virtud y es un mandamiento de Dios; se la denomina también hesichía del corazón; alcanza la perfección mediante la ausencia de toda fantasía y es la custodia del intelecto.

5. La atención es el silencio ininterrumpido del corazón, de todo pensamiento; silencio que siempre perenne e ininterrumpidamente respira e invoca a Cristo Jesús…

7. …Pero la continuidad genera la costumbre, y la costumbre genera una natural frecuencia de la sobriedad; y esta, durante el tiempo del combate, poco a poco, según la situación, genera la contemplación.

24. Pero el intelecto no puede vencer por si mismo la fantasía que le proviene de los demonios. Que no se confíe en esto. Pues siendo astutos, fingen que se dejan vencer y le ponen la zancadilla al mismo tiempo, a través de la vanagloria, por ejemplo; pero si invocamos el nombe de Jesús, no tienen fuerza, ni siquiera por un momento para mantenerse de pie y engañarlo.

135. Cuando caemos en las tribulaciones, en los desconocimientos, en las desesperaciones, deberemos hacer en nosotros mismos lo que hizo David, es decir, volcar nuestro corazón en Dios, y contarle al Señor nuestra tribulación y por lo que pedimos, tal como lo sentimos...

138. Encontraremos ligereza y alegría cuando, estando en la tribulación que nos aportan los muchos pensamientos irracionales, nos reprochamos con verdad y sin pasión, o bien le contamos todo al Señor como a un hombre. Con estas dos cosas encontraremos completo reposo de toda tribulación.

de  Hesiquio de Batos  en

“a Teódulo. Discurso para las eminencias máximas…” 

en pag. 231 y ss. en Filocalia, tomo I, ed. Lumen – 2003 – Argentina 

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