De la existencia de Dios y la belleza

Jesucristo Salvador

Icono de Jesucristo Salvador

Recogimos bastante leña. Padre Vasily se esfuerza siempre en no cortar si es que se pueden encontrar ramas caídas o árboles secos. Incluso sé de buena fuente que se ocupa de sembrar un nuevo árbol, cerca de donde se ha visto obligado a cortar alguno. Hacia mediodía oramos junto al arroyo, sentados en las piedras que el sol había calentado un poco. Todo esto lo hicimos en silencio. No hablamos desde que salimos de la ermita y sin embargo me sentí mas comunicado que cuando conversamos.

Al regreso, arrojó semillas a las aves, que en decenas se agruparon en torno nuestro. Me acordaba yo de la biografía que supe leer de San Serafín de Sarov unos años atrás y agradecí al Señor estar viviendo eso, y contar con un maestro espiritual tan parecido al santo aquél en su devoción, soledad y silencio interior.

Me convidó una sopa de arroz, que increíblemente tenía buen sabor y continuamos charlando mas cerca del fuego.

–      Bueno, ¿y cómo va?, ¿mejor?

–      Si Padre, no estaba mal cuando vine, pero ahora me lo parece al juzgar la diferencia con el estado que tengo ahora. Si, siento como si me hubiera liberado de la mente, creo que tendré a que argumentos acudir cuando me ataque con sus perplejidades.

–      Agradezcamos al Señor. Son todas armas de utilería, equivalen a balas de salva los contenidos de la mente, si se los encara con atención y oración. Atención para comprender los mecanismos que la rigen y oración para desapegarse de ellos. Mas que discutir hay que desapegarse. Yo te argumenté un poco, como te dije, para darle un hueso que roer, pero lo mejor es ver pasar los pensamientos como nubes en el cielo, sin darles importancia y permanecer abocados a la oración interior.

–      Hay un algo mas que me queda con ese tema, antes de pasar a otro si me permite. Sucede que han salido unos libros que están medio de moda, sobre la inexistencia de Dios, que se venden mucho y que prenden bien en cierta capa social…yo creo en Dios Padre y de eso no duda mi mente…sin embargo no se bien que argumentar con algunos amigos que me hablaron del tema el otro día en una reunión familiar, es muy fuerte la tendencia a ver a Dios o a la creencia en Dios como un arcaísmo, una antigüedad.

–      Depende en que ambientes. Es cierto, tiene cierto prestigio ser ateo hoy en día, como que nimbara al sujeto de un halo de cientificismo, de autosuficiencia, como de fortaleza moral…es muy gracioso. Bueno, muchos adhieren por esa razón. Sin saberlo se hacen ateos porque les mejora un poco la imagen, es como un maquillaje que le sienta bien al ego. Y bueno, ya va a pasar, no hay que oponerse a eso. Si alguien dice que no cree, no cree y ya. ¿Qué problema hay? Evangelizar no es andar buscando votos o adeptos que engrosen las filas partidarias; evangelizar es antes que nada, vivirlo al evangelio. ¿No te parece?

Claro, quizás si tu conducta es coherente, se interese alguien por aquello que en lo que crees, por lo que te hace comportarte como te comportas. Pero oponerse solo sirve para que el ego del otro se fortalezca, y apoyándose en ti, crecer en su cerrazón. Si te opones, se afirma el otro.

Ahora, si se trata de alguien con quién tienes buen diálogo y que se va a poner a escuchar lo que dices, puede ser interesante que le comentes tu forma de ver las cosas, porque puede servirle a él, no porque El Señor necesite adeptos. ¿Me explico no? Porque esa fiebre de sumar gente es muchas veces mas un componente del ego que del evangelio; como si se estuviera corriendo una carrera entre diferentes religiones para ver quién tiene mas fieles.

Es una contaminación sufrida desde el mercantilismo tan en auge. Un modo consumista de expandir la religión, como si de abrir sucursales se tratara el tema. Ahora, en el caso de un buen amigo o de alguien genuinamente interesado en estas cuestiones, yo no defendería los antropomorfismos sobre Dios, ni sus manifestaciones en la historia, sino mas bien su existencia como principio universal.

Es decir, que aún cuando se adhiera a la teoría del bing bang; ha de admitirse que esa concentración de materia y energía, que sería la que da lugar a la explosión inicial, no puede haber surgido de la nada, sino que necesita un principio. Puedes decirle que a ese principio de lo existente le llamamos Dios.

–      Si, yo acuerdo con eso. Sin embargo  me dicen que yo reemplazo el bing bang por Dios, pero que estamos en las mismas en cuanto a que de donde se originó Dios.

–      Bueno, es que precisamente, no se puede concebir que aparezca materia y energía concentrada desde la nada como estado previo; y si puede concebirse, que una descomunal inteligencia y voluntad, que un Ser demasiado grande para que podamos abarcarlo, haya puesto en marcha el universo. Es importante esto de lo que se puede concebir, porque esta a la base del pensamiento científico y sin embargo cuando se tratan de cosas a escala cósmica, ellos parecen no hacerse problema por los orígenes de todo lo existente. Porque cuando hablamos de Dios, como idea, como concepto, estamos hablando no solo del que concentró la materia prima para la explosión inicial, sino del que creó el espacio mismo donde pudiera manifestarse la existencia de esa explosión con todo lo que contenía.

–      Claro, entiendo. La creación del espacio mismo.

–      Del espacio, del tiempo, de la percepción, del observador, de la energía y de cualquier otra cosa que se pueda pensar, de todo lo existente. Por eso, siguiendo la terminología de los filósofos, la existencia de Dios, me parece apodíctica*, no solo incontrovertible, sino que no me puedo imaginar la realidad sin Él, no puede concebirse.

–      Bueno, hay quienes si pueden.

–      Me parece que no. Pueden imaginarse hasta el bing bang y allí se detienen en sus preguntas y por eso pueden concebir de ese modo. Pero en ese caso no llegaron hasta el origen, se detuvieron  antes. Tienen que seguir preguntando para llegar a lo apodíctico, a lo irrefutable. “Todo empezó cuando…” está muy bien, no lo discutamos…pero, ¿cómo fue que empezó?, como es que puede algo venir a la existencia.

Allí se abre un enorme campo de misterio si lo abordas por vía intelectual y permanecer en esa ignorancia genuina, es lo único que puede hacer el intelecto con aquello que lo abarca. Porque tampoco se podrá responder lógicamente, pero si es legítimo llegar hasta lo último y en este caso a la ignorancia suma, lo que no se puede conocer. A ese enorme espacio desconocido le llamo Dios, la suma de las potencialidades. Por supuesto si me mantengo por el camino del intelecto desnudo.

En cuanto al camino del corazón en mi caso fue por el encuentro con certezas indemostrables intelectualmente, pero certezas de calidad subjetiva, que vienen a completar muy acabadamente las necesidades interiores. Dicho de otra manera, en ciertas emociones, en la calidad e intensidad de ciertos sentimientos, he alumbrado la convicción mas profunda de que Dios existe; no solo ya como principio organizador y creador de todo lo existente, sino como Amor puro.

Mi camino empezó a través de la belleza. A mi me maravilló siempre la belleza. Me deslumbró. No entendía muy bien que venía a hacer la belleza en medio del mundo, como era que podía manifestarse en medio de tanta miseria. Te hablo de mis tiempos de juventud. Y percibía lo cotidiano como un área gris, habitual, medio inanimada a causa de las rutinas, un campo de enorme chatura… y percibía la tragedia, el dolor, la miseria, la enfermedad y la agonía, la decrepitud, la maldad, la violencia.

Eso salía de la mediocridad, era la vida dura, el lado oscuro de la existencia. Y allí estaba, viendo lo gris y lo negro. Lo gris era lo mas habitual y menos mal me decía entonces.

…y un buen día percibí la belleza. Pero no como uno puede mirar una flor, distraído o incluso admirado, pero permaneciendo en el mismo rango de vibración. Me pasó que me golpeó la belleza, resquebrajó mi mundo, era una belleza que me hería porque era muy bella, apabullante. Imaginate un mundo gris y negro que de repente innovara con algunas notas de color. Descubrí por cierto, redescubrí, las flores y las aves y las nubes y las estrellas y la luz y el agua y el viento y todas las manifestaciones de la naturaleza, pero de un modo totalmente nuevo.

Como si mis ojos fueran capaces de gran nitidez y precisión y asistí embobado a la presencia del amor de Dios en el mundo. Porque aunque después comprendí que su amor esta en todo lo existente, yo lo vi en la belleza, no es que lo comprendí, lo vi, “pude mirar su rostro en lo bello”. Fue una gracia enorme. La cualidad de lo bello muestra una realidad diferente que atraviesa esta, como si el cielo penetrara en la tierra y la inflamara de amor.

No pude sino amar al arquitecto de semejantes creaciones y me dirán lo que quieran de la evolución y me presentarán a la flor como emergente adaptativo de reproducción y lo que quieras, pero yo se en mi, que ese es Dios mostrándose y amando al hombre y no necesité mas demostración que esa.

La belleza tiene el atributo de lo armónico, de lo ordenado, de lo pulcro, de lo perfecto. La belleza es lo perfecto inmejorable, es la máxima expresión de algo en lo que le atañe, en su campo de expresión te diría. Esto último que te digo es lo que luego, de a poco, me fue llevando a ver la belleza en cualquier manifestación. Pero eso es mas complicado y lo vemos después; lo central es lo que te he dicho, en mi caso.

…o sea que la expresión de la máxima potencialidad vendría a ser lo mas parecido a Dios en el mundo de todos los días. El principio de la perfección. Todos vemos cosas, mas lindas, mas feas e incluso verás que hay cosas no culturales, no te hablo de la belleza del parámetro cultural y de la época; hablo de la belleza que es considerada tal en toda época y lugar. Eso en lo que el ser humano coincide en cuanto a bello, responde a ciertos principios que están inscriptos en nosotros.

Siguiendo con el ejemplo de la flor. En toda época, lugar y cultura, una bella flor es reconocida como tal; por pobres y ricos, malos y buenos, viejos y jóvenes…tu les muestras, le haces ver y te van a reconocer que es algo bello.

Porque hay algo en el modo de ser la flor que coincide con algo en el modo de ser humano; hay un espacio en nosotros que permite el reconocimiento de la belleza. Hay en nosotros un espacio de armonía y orden y perfección que es lo que va a  permitir reconocer eso fuera de nosotros mismos, en el mundo. Por eso te digo…re conocer, porque es un volver a conocer lo ya conocido, que habita en nosotros, como presencia o como potencia, pero está.

Lo bello universal es tal porque nos completa, llena nuestro espacio de armonía y nos engancha con esa vibración, nos posibilita a su vez, acercarnos nosotros a esa perfección. Y la perfección es Dios.

Yo sé que no logro transmitir el momento cuando el Padre Vasily me habló de la belleza, porque aunque repita sus palabras, no puedo mostrar su gestica ni transmitir lo que sentí en esos momentos a su lado. Estaba radiante y sereno, pero como henchido de gozo, se veía realmente como alguien que ha tenido un encuentro con Dios. Me parece un hombre marcado por esos encuentros y que esa huella lo ha transformado profundamente y para siempre.

© Derechos reservados

Publicado por Ed. Narcea en

“Dios habla en la soledad”

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Ermitaño Urbano

Splendor veritatis…

 

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